Estados Unidos volvió a romper su propio récord en 2024 al alcanzar más de 49,000 procedimientos de trasplante de órganos realizados. Sin embargo, en el país, cada diez minutos alguien entra en lista de espera por un órgano y más de 100,000 personas claman por una llamada “esperanzadora” que les dé ilusiones de vida.
Cada cifra representa una historia en pausa, un padre o una madre que no puede trabajar o estar pendiente de sus hijos o alguien conectado a una máquina que le da kilómetros de vida, porque su cuerpo por sí solo ya no logra.
Según estadísticas de la Oficina de Salud de las Minorías del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos más de 24,000 donantes vivos y fallecidos hicieron posible que miles de pacientes recibieran una segunda oportunidad de vida, pero a pesar de ello, 13 estadounidenses mueren cada día esperando un trasplante.
De esta cifra, los hispanos (muchos de ellos inmigrantes o hijos de inmigrantes) representaron alrededor del 15 % de los donantes de órganos en EE. UU., estamos hablando de unas 3,700 personas entre los 24,000 que realizaron este aporte durante ese año (2024).
¿Cuántos órganos se donaron en vida y cuántos llegaron de personas fallecidas en Estados Unidos?
En 2025, el sistema de trasplantes en Estados Unidos estuvo impulsado tanto por donantes vivos, principalmente de riñón y parte de hígado, como por fallecidos, que continúan representando la mayor fuente de órganos en el país.
Pero ¿qué proporción corresponde a cada grupo y qué revelan estos números sobre la evolución del sistema, la participación de comunidades inmigrantes y la presión sobre las listas de espera?
El año pasado más de 7,200 personas decidieron donar un órgano en vida, un incremento del 3 % respecto al año anterior. Al mismo tiempo, por primera vez en más de una década, las donaciones de personas fallecidas disminuyeron 2,5 %, con 16,550 donantes.
El riñón sigue siendo el órgano más necesitado: más de 90,000 personas esperan uno. Aunque se realizaron más de 27,500 trasplantes renales en 2025, la cifra bajó frente al año previo. En contraste, los procedimientos de hígado marcaron un récord histórico con 12,344 operaciones, impulsados, en gran parte, por un crecimiento de la donación en vida.
Aunque las cifras son bastante positivas, también revelan una urgencia, ya que la demanda sigue superando a la oferta. En el país con más trasplantes del mundo, la espera sigue siendo, para miles, una carrera contra el tiempo.
¿Cómo está la donación de órganos a nivel nacional?
Según Visual Capitalist cerca del 90 % de los adultos estadounidenses apoyan la donación de órganos, pero apenas el 60 % están registrados como donantes.
Información estadística extraída de su estudio, muestra que Virginia Occidental, Luisiana y Pensilvania registraron alrededor de 10 donaciones de órganos por cada 100,000 residentes en 2024, liderando de esta manera la tasa en el país.
Por el contrario, las cifras también revelan una paradoja: los estados con menor tasa de donación por cada 100,000 habitantes no son necesariamente los menos poblados ni los menos activos. North Dakota ocupa el último lugar de la lista con la cifra más baja (4,5), seguido por Hawái (4,6), pero no deja de llamar la atención que muy cerca también se ubiquen estados como California, Florida y Texas.
Se deberá esto a factores estructurales como: ¿capacidad hospitalaria, eficiencia en la identificación de donantes, protocolos de consentimiento familiar y logística médica?
¿Cuál es el comportamiento en los estados donde hay mayor población migrante?
Si cambiamos la perspectiva y esta misma información la miramos bajo el total de donantes durante todo el 2024, encontramos que los estados con más donaciones de órganos coinciden en gran medida con algunos estados con mayor población inmigrante.
Si bien no existen estadísticas en el informe de Visual Capitalist que nos indiquen cuántos de esos donantes eran indocumentados o no ciudadanos, la evidencia sugiere que los inmigrantes sí forman parte importante del sistema de donación en EE. UU. Por tanto, no es impreciso afirmar que dentro de esas miles de donaciones anuales hay una contribución migrante real, aunque invisibilizada en los reportes oficiales.
Estamos hablando entonces de una conclusión respaldada por la evidencia demográfica ya que, a primera vista, el patrón es claro: el top 5 de territorios con más donaciones de órganos en 2024 está liderado por estados altamente poblados. Es decir, que el volumen total de donaciones guarda una relación directa con el tamaño demográfico, pero si cruzamos esta información con la demografía migratoria, aparece un elemento relevante.
Estados como California, Texas, Florida y New York concentran algunas de las mayores poblaciones inmigrantes del país, tanto documentadas como indocumentadas. Esto significa que, estadísticamente, si es razonable inferir que una parte de esos donantes pudieron ser inmigrantes, incluidos no ciudadanos.
Esta inferencia cobra relevancia, ya que coincide con el estudio publicado en Kidney International Reports, que encontró que los no ciudadanos representaron aproximadamente 3,1 % de los donantes fallecidos a nivel nacional entre 2015 y 2020, con proporciones más altas en estados como Nueva Jersey, Texas y Nueva York.
Según diversas investigaciones académicas, en todos los estados los donantes fallecidos representaron aproximadamente el 60-70 % del total de donaciones, lo que recalca el papel del consentimiento post mortem.
¿Cuál es el papel de los inmigrantes en la donación de órganos?
Las cifras ocultas de la donación de órganos están impulsadas de alguna manera por inmigrantes. Además de ser un motor económico, los inmigrantes también son parte del motor de la esperanza de vida de miles de personas en el país.
Mientras el debate público pone sus ojos en las fronteras, las cifras de detenciones o las redadas migratorias, otra realidad avanza en silencio dentro de hospitales y salas de cirugía. Miles de órganos que hoy laten en nuevos cuerpos provienen también de inmigrantes.
Se podría decir que la comunidad ayuda a mantener vivo el “corazón” de Estados Unidos. Son parte del engranaje que permite que miles de personas tengan esperanzas y expectativas de vida más allá de los pronósticos clínicos. En un sistema donde 13 personas mueren cada día esperando un trasplante, su contribución es vital.
Pero también hay paradojas, porque mientras inmigrantes y no ciudadanos aportan órganos vitales al sistema de trasplantes de EE. UU., muchos de ellos enfrentan barreras estructurales cuando son quienes necesitan uno. En medio de la polarización política, los datos revelan que quienes suelen ser retratados como carga también están salvando vidas.
Hispanos y latinos en la donación de órganos en EE. UU
El estudio más reciente de la Oficina de Salud de las Minorías del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos afirma que, durante el año 2024, los hispanos (muchos de ellos inmigrantes o hijos de inmigrantes) representaron alrededor del 15 % de los donantes de órganos en EE. UU., con unos 3,700 donantes entre los 24,000 totales que realizaron donaciones ese año.

Según la información revelada en dicho informe, de ese total, unos 1,194 fueron donantes vivos hispanos (17 %) y 2,517 fueron entregados por fallecidos hispanos (15 %). Estos números incluyen a ciudadanos y no ciudadanos, pero no distinguen específicamente por estatus migratorio.

Sin embargo, estudios académicos basados en datos nacionales han revelado que alrededor del 3 % de los donantes fallecidos en años recientes eran no ciudadanos, incluidos residentes permanentes y personas sin estatus migratorio regular.
La realidad que nos muestran las cifras es que miles de esos órganos provienen de comunidades inmigrantes que, aunque enfrentan barreras para acceder al sistema de salud, siguen aportando vida.
Brecha en la donación de órganos: hispanos esperan más de lo que pueden donar
Acá detectamos una realidad un poco más compleja que las estadísticas generales no siempre cuentan. Cuando se cruzan los datos por grupo étnico, el mapa cambia. Los Hispanos/Latinos representan cerca del 23,7 % de las personas en lista de espera, frente al 15,5 % de los donantes. Entre los afroamericanos, la brecha también es evidente: cerca del 27 % se encuentra en lista de espera frente a aproximadamente 13 % de los donantes. Y en el caso de los asiático-estadounidenses, la diferencia también es marcada: alrededor del 8 % espera un órgano, mientras que el 3 % dona.

¿Por qué la población que más espera no es también la que más puede donar?
En el caso de los hispanos, muchos de ellos (inmigrantes o hijos de inmigrantes), puede obedecer a barreras estructurales que van desde el acceso desigual al sistema de salud o factores culturales como la desinformación, el miedo institucional o las limitaciones económicas que dificultan el proceso de donación en vida.
No se trataría de falta de solidaridad, pues al revisar las estadísticas, este grupo poblacional, que no está de primero en la lista de espera por un órgano (23,7 %), si es el que más dona (15,5 %) entre afroamericanos y asiático-americanos.
Aun así, la contribución es significativa. En 2024, los hispanos recibieron cerca del 19 % de todos los trasplantes realizados en el país y destacaron además por una mayor proporción de donación en vida en comparación con el promedio nacional. Es decir, no solo participan tras el fallecimiento, sino que también deciden donar en vida, en un acto que implica riesgos personales y un profundo compromiso comunitario.
Uno de cada cuatro candidatos a trasplante en EE. UU. es latino
En 2025, había 107,446 personas en lista de espera para un trasplante en Estados Unidos, y de ellas 25,500 eran hispanas/latinas, lo que representa cerca del 24 % del total.
Es decir, casi uno de cada cuatro pacientes que espera un órgano pertenece a esta comunidad, en la que conviven ciudadanos, residentes permanentes e inmigrantes de distintos estatus.
Dentro de los órganos que se requieren con mayor frecuencia, el riñón encabeza la lista con más 93 mil solicitudes, 22,526 de ellas son de hispanos que están esperando uno; le siguen el hígado, el corazón y el pulmón.

En el caso del hígado, los hispanos representan el 23,4 % de los candidatos (2,126 personas), mientras que en corazón y pulmón las cifras son menores en términos absolutos, pero igualmente significativas: 14,9 % en corazón y 16,4 % en pulmón. Cada porcentaje refleja una espera prolongada, incertidumbre y, en muchos casos, limitaciones económicas o de cobertura médica.
En otras palabras, la comunidad latina donde se encuentran millones de inmigrantes no solo es parte esencial del tejido económico de Estados Unidos; también es una de las que más necesita el sistema de trasplantes.
Pero mientras miles de inmigrantes donan órganos saludables que sostienen el sistema de trasplantes, muchos enfrentan barreras financieras y de seguro médico para acceder a una intervención de vida o muerte.
Las cifras nos dejan una conclusión difícil de ignorar: los inmigrantes no solo trabajan, pagan impuestos y sostienen sectores clave de la economía estadounidense; también están sosteniendo vidas.
Y es que aunque donan en vida o autorizan la donación tras la muerte de un familiar, el acceso puede convertirse en una carrera desigual, marcada por el estatus migratorio y la capacidad de pago cuando son ellos quienes necesitan un órgano vital.