Para millones de inmigrantes, llegar a Estados Unidos significa mucho más que cruzar una frontera; es la búsqueda de estabilidad, de mejores ingresos y de oportunidades que no encontraron en sus países de origen, pero esa promesa también viene acompañada de una realidad más compleja y es justamente la de insertarse en un mercado laboral donde no siempre tienen las mismas condiciones, ni las mismas protecciones.
Muchos de quienes llegan terminan ocupando los trabajos más duros y menos visibles, aunque son empleos esenciales para el funcionamiento del país, también son los que implican mayor esfuerzo físico, mayor exposición al peligro y, en muchos casos, menos garantías de seguridad, en otras palabras, el riesgo no es una excepción, sino que es parte del día a día.
Para no ir tan lejos basta con revisar las cifras más recientes que revelan que entre 2017 y 2024 las muertes laborales de trabajadores latinos aumentaron, pasando de 903 a 1,229 casos anuales, alcanzando niveles históricamente altos según datos del Consejo Nacional de Seguridad y la Oficina de Estadísticas Laborales (NSC, por sus siglas en inglés).
Lo más preocupante no es solo el aumento, sino el patrón que hay detrás de las cifras, pues los accidentes que causan estas muertes son, en su mayoría, prevenibles y se concentran en sectores donde la presencia de trabajadores inmigrantes es elevada.
Por eso, en esta investigación busco reconstruir qué ha pasado a lo largo de los años: cómo han evolucionado las muertes y lesiones laborales, en qué sectores se concentran los riesgos y por qué los trabajadores inmigrantes, especialmente los latinos, siguen siendo quienes enfrentan las condiciones más peligrosas.
Empecemos entonces por revisar unas cifras generales que nos darán contexto de la realidad y nos permitirán evidenciar que, aunque los trabajadores inmigrantes están fuertemente presentes en sectores de alto riesgo, su participación en la economía es mucho más amplia de lo que suele pensarse.
Según el Instituto de Política Migratoria (MPI, por sus siglas en inglés) los datos más recientes de los que se tienen medición señalan que para 2024 había 30 millones de trabajadores nacidos en el extranjero en Estados Unidos y alrededor del 38 %, se desempeñaba en ocupaciones de gestión, profesionales y relacionadas, mientras que el 62 % restante se ubicaba en labores como construcción, agricultura, transporte, entre otras.
Más muertes reportadas por trabajadores inmigrantes

Si miramos los datos del Consejo Nacional de Seguridad (NSC, por sus siglas en inglés) con calma, lo que muestran no es una mejora, sino un problema que se ha ido manteniendo con el tiempo.
Entre 2017 y 2019, las muertes de trabajadores latinos aumentaron un 13 %, lo que representó, por primera vez, las mil muertes en un año. Desde ahí ya era evidente que algo no estaba funcionando bien.
Y aunque en 2020, durante el periodo de pandemia, las muertes cayeron un 1.5 % llegando a 1,072, en 2021 volvieron a subir un 5.4 % para ubicarse en 1,130, lo que muestra que el problema seguía ahí.
En 2022 hubo otro aumento fuerte, superando nuevamente el 10 % y llegando a 1,248 muertes, uno de los niveles más altos. Mientras tanto, en 2023 y 2024 los números se mantuvieron casi iguales, con 1,250 y 1,229 muertes.
Esto deja algo claro: el problema ya no está creciendo rápido, pero tampoco se está solucionando. Si comparamos el inicio con el final, la diferencia es evidente: en ocho años las muertes pasaron de poco más de 900 a más de 1.200 al año, para llegar a un total de 8,881 fallecimientos en 8 años.
Donde ocurre el riesgo: las muertes que se repiten cada día

Cuando observamos las causas de estas muertes, el problema se vuelve aún más claro y podemos evidenciar que no se trata de accidentes aislados o poco comunes, sino de situaciones que hacen parte del día a día en muchos trabajos.
El Censo de Lesiones Ocupacionales Fatales de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS, por sus siglas en inglés) para 2024 señala que la principal causa son los incidentes de transporte, con 407 muertes, lo que representa aproximadamente el 33 % del total, es decir, una de cada tres personas muere en situaciones relacionadas con vehículos o desplazamientos.
En segundo lugar, están las caídas, resbalones y tropiezos, con 298 casos, cerca del 24 %, esto son accidentes muy comunes en trabajos físicos, especialmente en construcción, y que muchas veces podrían prevenirse con mejores condiciones de seguridad.
Luego aparece el contacto con objetos o equipos, con 217 muertes, lo que equivale a alrededor del 18 %. Aquí se incluyen accidentes con maquinaria, herramientas o materiales pesados, lo que vuelve a señalar el riesgo en trabajos manuales.
La exposición a sustancias o ambientes nocivos suma 175 casos, aproximadamente un 14 %, mientras que los actos violentos representan 111 muertes, cerca del 9% y aunque tienen menor porcentaje con respecto al total, estos datos muestran que el peligro no solo está en la actividad física, sino también en el entorno laboral, las explosiones e incendios, con 21 casos, representan cerca del 2%, siendo la causa menos frecuente, pero no por eso menos grave.
En total los datos muestran que más del 75% de las muertes se concentran en tres causas principales como lo son: transporte, caídas y contacto con objetos o equipos, pero en general, la mayoría de las muertes ocurre en situaciones que son conocidas, repetidas y, en muchos casos, evitables y no son accidentes impredecibles, sino riesgos que forman parte del trabajo diario y que siguen sin resolverse.
Ahora, si revisamos las industrias en las que trabajan los inmigrantes el panorama es el siguiente:

Los datos sobre empleo de la Oficina del Censo de EE. UU. más recientes y con corte a 2024 revelan que los inmigrantes están fuertemente presentes en sectores como la construcción con 29,8 %, el transporte con 24,4 %, la agricultura con 21,9 % y la manufactura con 20,2 % y aunque las tablas no se cruzan directamente, el análisis desarrollado permite deducir que los sectores en los que hay más trabajadores inmigrantes son también aquellos donde ocurren con mayor frecuencia los tipos de accidentes más mortales.
La construcción, por ejemplo, está directamente asociada con caídas y accidentes con maquinaria, por otro lado, el transporte, con los incidentes en carretera, que son la principal causa de muerte; la agricultura y la manufactura, por su parte, presentan riesgos como la exposición a maquinaria, sustancias peligrosas y condiciones físicas exigentes.
Es importante aclarar que esto no significa que todos los accidentes ocurran únicamente en estos sectores, pero nos permite ver que el riesgo no está distribuido de forma equitativa y que hay trabajos donde las probabilidades de sufrir un accidente grave o fatal son más altas, precisamente esos espacios son donde se concentra una gran parte de la mano de obra inmigrante.
Estos datos son la radiografía clara de que los trabajos más riesgosos coinciden con aquellos donde hay mayor presencia de trabajadores inmigrantes, lo que ayuda a explicar las razones por las que esta población aparece de forma recurrente en las cifras de lesiones y muertes laborales.
El riego no disminuye y los datos hablan: más de 1,2 millones de lesiones en 8 años: un riesgo que no baja

Las lesiones que no son fatales, pero que si pueden dejar marcas de por vida en los trabajadores inmigrantes reflejan que se han mantenido relativamente estables a lo largo de los años, pero con cambios importantes, según el Consejo Nacional de Seguridad (NSC).
Al observar la tendencia general a lo largo de los años, los casos pasan de 140,130 en 2017 a 148,645 en 2024, lo que evidencia que el problema se ha mantenido prácticamente en el mismo nivel, sin una reducción significativa.
El dato más llamativo es 2020, en el que las lesiones se disparan un 27 %, alcanzando los 177,290 casos, el punto más alto de todo el periodo analizado, evidenciando un momento crítico, probablemente asociado a cambios en las condiciones laborales durante ese periodo.
Después de ese pico, las cifras bajan, pero no de forma notable pues en 2021 caen un 6 %, luego en 2022 se estancan (0 %), y en 2023 vuelven a caer 10 %, hasta llegar a 148,645 casos, cifra que se mantiene igual en 2024 lo que nos indica que, aunque hubo una disminución después del pico, el problema no desaparece, sino que se mantiene.
Lo que si hay que decir es que el acumulado es muy alto y más de 1,2 millones de lesiones en ocho años dan cuenta de que se trata de un problema constante, lo que nos permite decir que los factores de riesgo en el trabajo, especialmente en sectores donde hay más inmigrante, siguen sin resolverse.
Lesionarse cuesta: cuando el accidente no termina en el trabajo
Es importante analizar que, para muchos trabajadores inmigrantes, lesionarse también significa enfrentar una crisis económica, porque la atención médica demanda recursos que muchos de ellos no tienen.
Un estudio reciente publicado en abril de 2026, en la Revista de la Sociedad Americana de Cirugía de Mano, que analizó casi 4 mil casos de lesiones en un centro de trauma en Estados Unidos permite ver qué ocurre cuando un trabajador inmigrante sufre un accidente laboral.
De todos los casos revisados, la mayoría eran hombres jóvenes, con una edad promedio de 36 años y casi el 80 % trabajaba en el sector de la construcción, uno de los que presenta más riesgo, ahora, la distribución de la cobertura muestra una estructura claramente desigual en la carga financiera del sistema.
Por un lado, la atención gratuita concentra el 50 % de los casos (23 de 46) y, a la vez, el mayor costo total con más de 2,2 millones de dólares, lo que significa que el sistema público o subsidiado está absorbiendo la mitad de la demanda, pero especialmente los casos más costosos, dado su alto costo promedio que llega a los 99,503 dólares. Esto quiere decir que la mitad de las personas atendidas no paga por su atención, pero aun así este grupo es el que más dinero consume.
El pago directo, por otra parte, representa el 35 % de los casos (16), pero con un costo total mucho menor que alcanza los 531,706 dólares y el costo promedio más bajo con 33,231 dólares, lo que nos indica que quienes pagan directamente, probablemente, acceden a servicios más puntuales o de menor gravedad, ya que los costos altos tienden a excluir este tipo de cobertura.
La compensación laboral es el grupo menos frecuente con el 15 % del total de los casos, (7 de 46), pero con un costo promedio elevado que llega hasta los 73,055 dólares y un total de 438,334 dólares en total, lo que nos sugiere que, aunque los eventos son menos comunes, suelen estar asociados a lesiones laborales más serias o de mayor complejidad médica.
Y aquí es donde podemos ver de manera clara que la compensación laboral para trabajadores inmigrantes no siempre funciona de forma fácil o justa y aunque en teoría tienen derecho a recibir apoyo si se accidentan en el trabajo, en la práctica muchas veces no lo logran por el tipo de contrato, si el empleo es informal o por su situación migratoria.
Además, muchos migrantes trabajan en empleos más duros o peligrosos, lo que aumenta el riesgo de accidentes, pero al mismo tiempo, suelen tener menos información o menos herramientas para reclamar sus derechos, lo que hace más difícil que reciban la compensación que les corresponde. Por eso, en la realidad, este sistema no siempre es igual para todos: depende mucho del tipo de trabajo, de si el empleo es formal y de si la persona conoce o puede exigir sus derechos.
El costo invisible que sostiene el sistema
Entre 2017 y 2024, las muertes laborales de trabajadores latinos pasaron de 903 a 1,229 al año, un aumento sostenido que no ha logrado revertirse, aunque el crecimiento se ha estabilizado en los últimos años, el problema persiste y cada año más de mil inmigrantes pierden la vida ejerciendo algún tipo de oficio.
Lo más preocupante es que estas muertes no son hechos aislados pues más del 75 % se concentran en tres causas principales: incidentes de transporte (33 %), caídas (24 %) y contacto con objetos o maquinaria (18 %), estos son riesgos conocidos, repetitivos y, en muchos casos, prevenibles. Es decir, no se trata de accidentes impredecibles, sino de condiciones laborales que no han mejorado lo suficiente.
Al mismo tiempo, los trabajadores inmigrantes están sobrerrepresentados en los sectores más peligrosos; casi el 30 % en construcción, más del 24 % en transporte y cerca del 22 % en agricultura, esto muestra que el riesgo no está distribuido de manera equitativa: quienes sostienen gran parte de estas industrias son también quienes enfrentan mayores probabilidades de sufrir accidentes graves o fatales.
Cuando el accidente no termina en muerte, el impacto económico también es alto, precisamente los datos de atención médica reflejan otra desigualdad: el 50 % de los casos se atienden de forma gratuita, pero concentran cerca del 70 % del costo total, superando los 2,2 millones de dólares, lo que indica que el sistema público termina absorbiendo los casos más graves y costosos.
En contraste, el pago directo cubre el 35 % de los casos, pero solo una pequeña parte del gasto total, lo que sugiere que las personas solo pueden asumir costos más bajos. Por su parte, la compensación laboral, que debería ser el mecanismo principal en accidentes de trabajo, apenas representa el 15 % de los casos, lo que evidencia dificultades reales de acceso para muchos trabajadores inmigrantes.
Tras revisar y analizar todos estos datos queda algo claro y es que los trabajadores inmigrantes no solo están más expuestos al riesgo, sino que también enfrentan mayores barreras para recibir protección y atención adecuada. Así, el costo de su trabajo no se mide solo en productividad, sino en vidas perdidas, lesiones y una carga económica que muchas veces termina trasladándose al sistema público.