En 2025, el sistema de asilo de Estados Unidos atravesó una transformación silenciosa pero profunda y mientras el número de personas que solicitaron protección internacional a través del asilo se mantuvo alto, las probabilidades de obtenerlo cayeron de forma abrupta, al mismo tiempo que crecieron los programas de Alternativas a la detención (ATD, por sus siglas en inglés) como principal mecanismo de control migratorio.
Precisamente el Centro de Acceso a Registros Transaccionales (TRAC, por sus siglas en inglés) reportó que, con corte al 13 de diciembre de 2025, más de 185 mil solicitantes de asilo y otros inmigrantes estaban siendo monitoreados bajo programas ATD en todo el país, una cifra que permite entrever cómo el Estado ha desplazado parte del control migratorio fuera de los centros de detención tradicionales.
Menos asilo concedido, más personas bajo supervisión.
Los datos más recientes del Transactional Records Access Clearinghouse (TRAC) confirman un giro preocupante en el sistema de asilo de Estados Unidos durante 2025 y es que a pesar de que las cortes migratorias procesaron un alto volumen de casos, las probabilidades de obtener protección se redujeron drásticamente.
En agosto de 2025, apenas el 19.2 % de las solicitudes de asilo fueron aprobadas, una caída significativa si se compara con el mismo periodo de 2024 cuando alcanzó un 38.2 %, es decir, la tasa de concesión era casi el doble, sin embargo, el descenso no responde a una desaceleración del sistema. Por el contrario, durante buena parte del año las cortes aceleraron el ritmo de decisiones, resolviendo más casos que en periodos anteriores.
De hecho, entre abril y mayo de 2025, las cortes de inmigración superaron las 12.000 decisiones mensuales sobre solicitudes de asilo, marcando uno de los picos más altos de resolución en los últimos años. Sin embargo, ese impulso no se mantuvo y para agosto de 2025, el número de casos resueltos por los jueces descendió a 9.269, evidenciando un retroceso pese al punto máximo alcanzado a inicios de año.
La salida del sistema ante el cuello de botella del asilo
Analizando este panorama y como abogado de inmigración debo decir que este desplome en las tasas de aprobación, combinado con el elevado volumen de solicitantes, ha generado que decenas de miles de personas entren en una especie de limbo migratorio, ya que por un lado no están recluidas en centros de detención y por el otro no cuentan con un estatus que les permita reconstruir su vida con certeza jurídica.
En ese contexto, los programas de Alternativas a la detención (ATD) se han convertido en un estilo de válvula de escape del sistema migratorio y según TRAC, a finales de noviembre de 2025 había 182.009 personas inscritas en ATD, una cifra que continuó en ascenso durante diciembre hasta superar las 185.000 a nivel nacional.
Lo que agrava la situación es que, si bien no se conoce el dato exacto, muchos de quienes integran esta población son solicitantes de asilo y siguen pendientes de resolución o esperan nuevas audiencias tras años atrapados en el sistema judicial migratorio; para ellos, el ATD no representa una solución definitiva, sino una extensión del proceso.
En la práctica, ATD funciona como una detención prolongada fuera de las rejas, especialmente en un escenario donde las decisiones negativas aumentan y las deportaciones inmediatas no siempre son viables.
Más control, no necesariamente más libertad
Aunque el gobierno y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) presentan los programas ATD como una alternativa “más humana” a la detención física, los datos sugieren una realidad más compleja, pues debido a una menor probabilidad de obtener asilo, mayor es la dependencia del Estado en mecanismos de vigilancia y más largo el tiempo que las personas permanecen bajo supervisión.
Recordemos que los programas ATD incluyen aplicaciones de reporte obligatorio, monitoreo por GPS, restricciones de movilidad y comparecencias frecuentes ante autoridades migratorias y si bien estas medidas evitan el encierro en centros de detención, también imponen un control constante sobre la vida diaria de los solicitantes.