Durante décadas, la adopción internacional fue vista como un puente humanitario entre países y una vía para que niños, niñas y adolescentes sin entorno familiar permanente encontraran estabilidad en Estados Unidos. Los datos revelan que a comienzos del 2 mil, el país lideraba ampliamente el número de adopciones internacionales en el mundo, sin embargo, ese modelo comenzó a transformarse lentamente y hoy el panorama es radicalmente distinto.  

Lo que antes era un flujo de decenas de miles de casos anuales, ahora apenas supera los mil y las cifras oficiales muestran una reducción sostenida que no parece responder a un solo hecho sino a una combinación de factores entre ellos legales, políticos y sociales.    

Para hacer un panorama que nos permita contextualizar, vamos a irnos al año fiscal 2004, cuando EE. UU. registró aproximadamente 22,988 adopciones internacionales, el punto más alto del que se tenga registro reciente, desde entonces, la caída ha sido constante, pero en 2017, cuando todavía se reportaban cerca de 4,700 casos, ya era evidente una tendencia descendente  

Hoy, el escenario lo confirma: en 2023 la cifra se ubicó en torno a las 1,275 adopciones y en 2024, último año del que se tiene reporte, descendió a aproximadamente 1,172, según datos oficiales del Departamento de Estado (DOS, por sus siglas en inglés). Esto representa una reducción superior al 90 % frente al pico de 2004.  

Ante este escenario, surgen preguntas inevitables: ¿Qué explica esta caída sostenida? ¿Se trata de un ajuste ético del sistema o de un endurecimiento estructural que ha vuelto más difícil la adopción internacional? ¿Tiene relación con transformaciones en la política migratoria estadounidense?, estas y otras preguntas son las que responderé en esta investigación, cruzando datos de fuentes oficiales y centros de análisis.   

El desplome en cifras: de 4 mil a un poco más de mil adopciones por año 

Empecemos por el principio. Para entender la magnitud del cambio, es necesario observar los números con perspectiva histórica, por eso regresaremos un poco en las fechas.

El Departamento de Estado de EE. UU. (DOS, por sus siglas en inglés) registra cada adopción internacional completada mediante las visas IH-3, IH-4, IR-3 e IR-4, estas categorías permiten identificar cuándo un menor adoptado en el extranjero ingresa legalmente al país. 

Entre los años fiscales 2017 (primera administración de Donald Trump) y 2024, las cifras oficiales del Departamento de Estado muestran una transformación profunda en el volumen de adopciones internacionales hacia Estados Unidos. El número de menores que ingresaron con visas de adopción se redujo de manera sostenida en este período, revisemos los datos que permiten dimensionar con claridad la magnitud y la continuidad de esta caída. 

En 2017 se registraron 4,714 adopciones internacionales y para 2018 la cifra descendió a 4,059, lo que marcó el inicio de una reducción sostenida, ya para 2019 el número cayó con mayor fuerza hasta 2,970 casos y en 2020, en medio de las restricciones globales marcadas por la pandemia del COVID 19, la cifra decreció a 1,622. En 2021 se observó un leve repunte hasta 1.785 adopciones, pero la tendencia descendente continuó, todo esto durante la primera presidencia de Donald Trump. 

En 2022 se registraron 1,517 adopciones mientras que en 2023 fueron 1,275. Finalmente, en 2024, se llevaron a cabo 1,172 procesos de adopción. De 2025 aún no se tienen cifras oficiales. En general, estos datos muestran una disminución progresiva y persistente del volumen de adopciones internacionales hacia Estados Unidos.  

Pero para poder explicar el descenso en el número total de adopciones, otro factor que ayuda a entender el nuevo panorama es la evolución de los tiempos de procesamiento migratorio. Para comprender mejor este proceso, es importante mencionar dos formularios clave: el I-800A, que sirve para evaluar si los futuros padres son aptos para adoptar, y el I-800, que permite que el niño sea reconocido como familiar inmediato y pueda migrar legalmente a Estados Unidos. A diferencia del número de adopciones, que ha disminuido, los tiempos de estos trámites han ido aumentando en los últimos años.  

Aunque los retrasos se miden en meses y no en años, desde 2020 el proceso se ha vuelto más largo y con más requisitos administrativos, con mayores controles y exigencias en cada etapa. Hoy los formularios I-800A e I-800 implican revisiones más detalladas de antecedentes; evaluaciones psicosociales más completas, actualización constante de documentos y, en muchos casos, solicitudes adicionales de evidencia para aclarar información, lo que ha hecho que el proceso sea más riguroso y tome más tiempo.   

Los datos del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS, por sus siglas en inglés) muestran que los tiempos de procesamiento de los formularios I-800 e I-800A han aumentado de manera gradual en los últimos años.  

En 2017, el I-800 tardaba en promedio 18 días y el I-800A 42 días en ser aprobados o tramitados, entre 2018 y 2019 los tiempos se mantuvieron relativamente estables, pero a partir de 2020 comenzó un incremento mucho más notable.  

Si se observa con más detalle el formulario I-800, que sirve para pedirle al gobierno que reconozca al menor adoptado como familiar inmediato, el aumento es progresivo y constante, aunque menos pronunciado que en el I-800A, en 2017 y 2019 el tiempo promedio era de 18 días, incluso en 2018 bajó a 15; sin embargo, desde 2020 comenzó un aumento sostenido pasando a 21 días, luego a 27 en 2021 y en 2022, hasta llegar a alcanzar los 30 días en 2023, 36 en 2024 y finalmente ubicarse en 39 días para 2025.  

El formulario I-800A, que evalúa la idoneidad de los padres, pasó de 57 días en 2020 a 75 en 2021, luego alcanzó los 84 días en 2024 para finalmente llegar a un tiempo de procesamiento de 72 días en 2025.  

¿De dónde vienen hoy los niños adoptados? 

Hay que decir que uno de los cambios más significativos no solo está en la caída de las cifras y el aumento en los tiempos de procesamiento, sino en el cambio del origen de los menores adoptados, precisamente, los datos publicados por el Departamento de Estado de EE. UU. (DOS) permiten rastrear año a año el país de nacimiento de cada niño que llega mediante adopción internacional, revelando cambios notables en los últimos años.   

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Entre 2019 y 2023, el mapa de la adopción internacional hacia Estados Unidos cambió de forma profunda, así lo relevan las cifras publicadas por el Departamento de Estado (DOS) que muestran no solo una reducción en el número de niños adoptados, sino también una transformación en los países de origen.  

Colombia encabeza el listado con 1,113 adopciones y aunque tuvo una caída en 2020, como casi todos los países, logró recuperarse en 2021 y mantener cifras relativamente estables en los años siguientes, lo que sin duda explica por qué hoy ocupa el primer lugar, respondiendo a una permanencia constante a diferencia de los otros países.   

El caso más llamativo es el de China, que en 2019 era el principal país de origen con 819 adopciones en un solo año, pero después vino el desplome: cero casos en 2021 y 2022, y apenas 16 en 2023, esto significa en la práctica que el gigante que dominó la adopción internacional durante años dejó de ser clave.  

Por su parte, India muestra una trayectoria más equilibrada y aunque sus cifras bajan en 2020, se recuperan rápidamente y se mantienen por encima de las 200 adopciones anuales desde 2021, lo cual le permite ubicarse muy cerca de Colombia en el total del período.  

En otro sentido, Ucrania refleja cómo los acontecimientos externos pueden cambiarlo todo ya que hasta 2021 mantenía números altos, pero tras el inicio de la guerra en 2022 las adopciones cayeron de manera drástica, llegando a apenas 10 casos en 2023.   

Corea del Sur, Bulgaria, Haití, Nigeria, Filipinas y Taiwán muestran unas tendencias más moderadas con varios picos y algunos países como Bulgaria, mantienen cifras relativamente estables año tras año rondando las 100 adopciones en promedio. Mientras que en el caso de Nigeria se presentan variaciones que oscilan entre 44 y 116.   

Así se distribuyen las adopciones internacionales dentro de Estados Unidos 

Ahora analicemos a dónde llegan los niños adoptados dentro de Estados Unidos; justamente las cifras recopiladas por el Consejo Nacional para la Adopción (NCFA, por sus siglas en inglés) revelan cómo se distribuyeron las adopciones internacionales entre 2019 y 2023 en cada estado del país, dato más reciente reportado por la organización.   

En total, durante ese periodo, se registraron 9,153 adopciones internacionales, pero así como ocurrió a nivel global los números no se mantuvieron estables. En primer lugar, el 2019 aparece como el último año con cifras altas con un total de 2,966 adopciones, seguido por una fuerte caída en 2020 y una recuperación en 2021, pero a partir de 2022, las cifras vuelven a disminuir hasta llegar a los 1,274 casos en 2023, el nivel más bajo del período.  

Pero si vamos más allá y vemos cómo se comportan los estados podemos ver que algunos concentran una parte importante de este proceso, mientras que otros registran cifras mucho más reducidas, lo que permite entender no solo cómo se redujo la adopción internacional, sino también cómo cambió su peso dentro del propio territorio estadounidense.  

Los estados que concentran la mayoría de las adopciones internacionales 

Texas lidera el ranking con 770 adopciones, seguido muy de cerca por California con 743. Ambos estados concentran casi el 17 % del total nacional, lo que confirma que las jurisdicciones con mayores volúmenes migratorios y redes legales especializadas siguen siendo el principal punto de entrada para procesos de adopción internacional. 

Un segundo bloque está conformado por New York (448), Florida (440) e Illinois (418). Estos estados, aunque con cifras inferiores a Texas y California, mantienen una actividad sostenida a lo largo del quinquenio, lo que sugiere una infraestructura legal estable, cortes de familia con experiencia acumulada y una presencia constante de agencias acreditadas para adopciones internacionales. En la práctica jurídica, estos factores suelen traducirse en procesos más predecibles, aunque no necesariamente más rápidos. 

Estados con actividad alta pero menos visibilizada 

Un tercer grupo relevante está integrado por Virginia (379), North Carolina (358), Pennsylvania (335), Washington (329) y Georgia (325). Aunque estos estados reciben menos atención mediática, sus cifras son sorprendentemente similares entre sí, con diferencias menores a 55 casos en cinco años. Desde el punto de vista legal, esto indica mercados maduros, donde el volumen de casos permite experiencia especializada, pero sin la saturación extrema que suele observarse en estados líderes. 

En particular, Washington y Virginia destacan por combinar una alta presencia de adopciones internacionales con una interacción frecuente entre tribunales estatales y autoridades migratorias federales, lo que exige una coordinación jurídica precisa para evitar inconsistencias entre sentencias de adopción y estatus migratorio del menor. 

El grupo intermedio: actividad constante pero fragmentada 

Un nivel intermedio lo conforman estados como Tennessee (308), Maryland (296), Ohio (285), Indiana (280), Minnesota (256) y Colorado (255). En estos casos, las adopciones internacionales no son marginales, pero sí más sensibles a cambios normativos, cierres de programas internacionales o variaciones en la capacidad de las agencias locales. 

Desde la experiencia legal, estos estados suelen presentar mayor variabilidad en tiempos de trámite, lo que incrementa el riesgo de errores procesales si no se cuenta con asesoría especializada tanto en derecho de familia como en inmigración. 

Estados con bajo volumen: menos casos, mayores riesgos 

En el extremo inferior se encuentran estados con cifras acumuladas reducidas —como Alaska, North Dakota, Vermont o Wyoming— donde el número total de adopciones internacionales en cinco años no supera las 50. Aunque podría pensarse que menos casos implican procesos más simples, en la práctica ocurre lo contrario: la escasa experiencia judicial y administrativa puede traducirse en mayores retrasos, solicitudes adicionales de documentación o errores en la aplicación de normas federales. 

Más allá de la distribución geográfica, el total nacional muestra una caída progresiva: de 2.966 adopciones en 2019 a 1.274 en 2023, una reducción superior al 55 %. Esta tendencia refuerza la necesidad de analizar cada adopción internacional no solo como un proceso familiar, sino como un procedimiento migratorio complejo, donde una decisión estatal mal estructurada puede tener consecuencias federales directas sobre la residencia, la ciudadanía o la elegibilidad futura del menor. 

Desde esta perspectiva, el mapa estatal de las adopciones internacionales no solo indica dónde ocurren más casos, sino dónde es más crítico contar con representación legal especializada que entienda la intersección entre derecho de familia, inmigración y normativa internacional. 

Estados que muestran crecimiento o repuntes recientes en adopciones internacionales entre 2019 y 2023 

Uno de los casos más notorios es Colorado, que pasó de 31 adopciones internacionales en 2022 a 55 en 2023. Aunque el volumen total sigue siendo moderado, este aumento rompe con la tendencia descendente observada en años previos y sugiere una reactivación parcial de programas o agencias acreditadas en el estado. En términos legales, este tipo de repuntes suele venir acompañado de ajustes operativos acelerados, lo que puede generar inconsistencias procesales si no existe una coordinación adecuada entre tribunales estatales y autoridades migratorias federales. 

Un comportamiento similar, aunque de menor escala, se observa en Connecticut, donde las adopciones subieron de 8 en 2022 a 14 en 2023. Si bien el incremento absoluto es limitado, porcentualmente resulta significativo y refleja cómo estados con bajo volumen pueden mostrar variaciones abruptas de un año a otro. Desde la práctica legal, estos cambios suelen implicar mayor discrecionalidad judicial y menor estandarización en los criterios aplicados. 

También se identifican aumentos marginales en Delaware, que duplicó sus cifras entre 2022 y 2023 (de 3 a 6 casos), y en Missouri, donde las adopciones pasaron de 29 a 30. Aunque estos movimientos no alteran el mapa nacional, sí evidencian que la actividad no está completamente paralizada, sino que se redistribuye de manera irregular entre jurisdicciones con menor exposición histórica. 

Estos repuntes aislados contrastan con las caídas pronunciadas en los estados líderes, lo que refuerza una lectura clave: el crecimiento reciente no se produce donde tradicionalmente se concentran los casos, sino en estados intermedios o de bajo volumen, donde pequeñas variaciones anuales pueden generar incrementos porcentuales relevantes. Para las familias adoptantes, esto implica que elegir una jurisdicción con aparente “crecimiento” no necesariamente reduce riesgos, sino que puede aumentar la necesidad de asesoría legal especializada para anticipar criterios cambiantes y prácticas menos consolidadas. 

Un sistema que cambió y hoy es mucho más pequeño 

Las cifras dejan una conclusión clara y es que la adopción internacional hacia Estados Unidos ya no es lo que fue hace cerca de una década, pues de casi 4,700 casos en 2017 se pasó a poco más de 1,100 en 2024 y la reducción supera el 75 %.   

En los últimos años, además de menos adopciones, también hay más espera pues los procesos son más rigurosos y toman más tiempo y aunque los retrasos se miden en meses, el aumento en revisiones y requisitos ha hecho que el camino sea más largo y complejo para las familias. 

A esto se suma que el mapa también cambió y precisamente países que antes lideraban, como China dejaron de serlo mientras que otros como Colombia e India ganaron peso y la geografía de la adopción se redujo y se concentró en menos países  

Dentro de Estados Unidos ocurrió algo similar: las adopciones disminuyeron en todos los estados, aunque el mayor número de casos sigue concentrado en los más poblados, como Texas y California y pese a que el sistema no desapareció, sí se hizo más pequeño y exigente.  

En conjunto, los datos muestran que la adopción internacional atraviesa una etapa de transformación profunda respondiendo a cambios estructurales que redefinen cómo, desde dónde y en qué volumen llegan hoy los niños adoptados al país.