En Estados Unidos hay un debate migratorio que, aunque ha ocupado un lugar central en los últimos meses en la política, nace de un fenómeno pequeño y es precisamente sobre las mujeres extranjeras que viajan al país para tener a sus hijos y que obtengan la ciudadanía estadounidense de manera automática. 

Aunque el tema no es nuevo y lleva años generando debate, hoy tomó otra dimensión. Ya no se trata solo de esos viajes, sino de una pregunta de fondo: quién tiene derecho a la ciudadanía en Estados Unidos. 

Durante más de un siglo y de acuerdo con la Enmienda 14 de la Constitución de EE. UU. la regla fue simple: si un bebé nace en territorio estadounidense se convierte en ciudadano, pero ahora esa idea está siendo cuestionada, especialmente después de la orden ejecutiva impulsada por Donald Trump, para limitar la ciudadanía por nacimiento. Pero entonces, ¿qué pasa si un niño nace en un país, pero allí se decide no reconocerlo como ciudadano? ¿hasta dónde puede cambiar una regla que durante décadas parecía intocable? 

Mientras la discusión política crece, los datos muestran otra realidad y justamente en esta investigación analizaré estudios del Instituto de Política Migratoria (MPI, por sus siglas en inglés) y del Centro de Investigaciones Pew Research Center, que coinciden en indicar que los nacimientos de extranjeros ya sean por turismo de nacimiento o de inmigrantes indocumentados, representa solo una fracción de todos los millones que ocurren cada año en el país. 

Y es a donde aparece la paradoja, ¿por qué un fenómeno reducido está impulsando una discusión capaz de cambiar la forma en que Estados Unidos entiende algo tan básico como la ciudadanía? Entremos en materia. 

El turismo de nacimiento nunca ha superado el 0,3 % de los nacimientos en EE. UU. 

Al cruzar los datos del Instituto de Política Migratoria (MPI) y el Centro Nacional de Estadísticas de Salud (CDC, por sus siglas en inglés) el turismo de nacimiento existe en Estados Unidos, pero su tamaño es reducido frente al total que se dan al año en el país. 

Pues bien, los datos revelan que entre 2016 y 2024, se registraron alrededor de 80,500 vinculados a madres extranjeras que viajaron a Estados Unidos para dar a luz, mientras que en ese mismo periodo hubo más de 33,5 millones de nacimientos en total en Estados Unidos, en otras palabras, este fenómeno representó apenas el 0.24 %, en promedio, de todos los nacimientos registrados en esos años. 

Si lo ponemos en perspectiva, de cada 1,000 bebés nacidos en Estados Unidos, apenas 2 estarían relacionados con el llamado turismo de parto. Incluso en los años con cifras más altas, como 2016 y 2018, el porcentaje apenas llegó al 0,28 %. 

Otro punto que muestran los datos es que el turismo de nacimiento no ha tenido un crecimiento explosivo como podría llegar a pensarse, porque muchas veces el debate político da esa impresión; entre 2016 y 2019 las cifras se movieron casi en el mismo rango, entre 10,000 y 11,000 casos por año, lo que refleja que el fenómeno llevaba tiempo relativamente estable antes de la pandemia. 

El cambio más fuerte llegó en 2020 y 2021, ya que, con las fronteras cerradas, las restricciones de viaje y la caída de vuelos internacionales, los casos bajaron de 10,200 a 6,200 y luego a 5,700, es decir, en solo un año, la reducción fue de casi 4,000 casos. 

Después de ese golpe, las cifras comenzaron a recuperarse gradualmente: en 2022 subieron a 8,200, en 2023 llegaron a 9,100 y en 2024 alcanzaron los 9,600. Aun así, los datos siguen por debajo de los niveles previos a la pandemia. 

Pero hay otro dato clave en esta discusión: Estados Unidos atraviesa una caída general en los nacimientos. Mientras el debate sobre el turismo de parto gana espacio político, el país registra cada vez menos alumbramientos. En 2016 hubo cerca de 3,9 millones y para 2024 la cifra bajó a alrededor de 3,6 millones; es decir, unos 300,000 menos. 

En ese contexto, el llamado turismo de nacimiento nunca llegó siquiera al 0,3 % del total anual. Eso significa que, aunque el tema ocupa titulares y discursos políticos, sigue representando una fracción mínima en Estados Unidos. 

Pero, aunque los números lo ratifican, un fenómeno pequeño terminó convirtiéndose en el centro de una discusión enorme sobre ciudadanía, identidad y migración, con posibles cambios que podrían afectar a millones de personas en el futuro. 

China lidera el turismo de nacimiento mientras los latinos tienen menor presencia 

El turismo de nacimiento no ocurre de manera uniforme en el mundo, sino que está concentrado en ciertos países y regiones específicas. 

Liderando esta lista aparece China con el nivel más alto de presencia y, desde hace años, considerado el principal origen de este tipo de turismo lo que, de acuerdo con el Instituto de Política Migratoria, se relaciona con la existencia de redes organizadas y empresas que ofrecen paquetes completos para viajar a Estados Unidos, dar a luz y tramitar la ciudadanía del bebé.  

Rusia también aparece con una presencia alta, aunque con una dinámica distinta, porque este caso, el fenómeno suele estar más relacionado con familias de alto poder adquisitivo, que buscan para sus hijos acceso futuro a educación, movilidad internacional o beneficios asociados al pasaporte estadounidense. 

Luego aparecen países con presencia media como India, Turquía, Nigeria, Brasil y Corea del Sur y aunque los casos son menores frente a China o Rusia, la tabla deja ver que el fenómeno no está limitado a una sola región del mundo. Hay presencia de Asia, Europa, África y América, lo que refleja que la ciudadanía estadounidense sigue siendo vista por muchas familias como una oportunidad de largo plazo. 

Otro punto importante es que la mayoría de estos países comparten algo en común: gran parte de los casos están asociados a personas con capacidad económica para asumir viajes, atención médica y estadías prolongadas en Estados Unidos. Esto ayuda a entender que el turismo de nacimiento funciona más como una industria dirigida a personas con poder adquisitivo alto más que como un fenómeno de migración masiva. 

La tabla también rompe parcialmente una idea frecuente en el debate político estadounidense. Aunque muchas veces la conversación migratoria se enfoca en la frontera con México, el turismo de nacimiento formal tiene una presencia baja en el caso mexicano, según el Instituto de Política Migratoria (MPI), lo que refleja que este fenómeno opera de forma distinta a la migración tradicional y suele estar más ligado a redes internacionales, visas de turista y servicios privados organizados. 

En conjunto, los datos muestran que el turismo de nacimiento no solo es un tema migratorio, sino también un reflejo de cómo la ciudadanía estadounidense se ha convertido en un activo global, que algunas familias buscan para garantizar oportunidades futuras a sus hijos. 

California y Florida concentran los principales destinos del turismo de nacimiento en EE. UU. 

Este fenómeno tampoco ocurre en cualquier lugar y, con los años, ciertas zonas del país se fueron convirtiendo en puntos conocidos para este tipo de viajes: California, por ejemplo, aparece una y otra vez como el principal destino, sobre todo en ciudades del Sur del estado donde existen comunidades migrantes, clínicas privadas y hasta redes que ayudan a organizar todo el proceso, de acuerdo con Instituto de Política Migratoria (MPI). Florida también tiene fuerza en este fenómeno, especialmente Miami; Texas, por su ubicación y cercanía con la frontera, terminó siendo otro de los lugares más frecuentes. 

Pero quizás uno de los casos más llamativos es el de las Islas Marianas del Norte, un territorio estadounidense en el Pacífico, que durante años atrajo a familias asiáticas por sus reglas de ingreso más flexibles y que permite ver que el fenómeno suele moverse hacia lugares con acceso a servicios médicos y estructuras ya preparadas para recibir a mujeres embarazadas que viajan con ese propósito. 

¿Cuál es el número de nacimientos de madres inmigrantes sin autorización? 

Por otro lado, los nacimientos de bebés de madres inmigrantes indocumentadas han tenido una presencia constante en Estados Unidos durante los últimos años y su peso dentro del total ha venido creciendo, aunque representan una pequeña proporción en todo Estados Unidos 

Entre 2016 y 2023 nacieron alrededor de 1,9 millones de bebés de madres indocumentadas, lo que en promedio representa cerca de 240,000 partos por año y, durante ese mismo periodo, estos casos equivalieron al 6.4 % en promedio, es decir, aproximadamente 6 de cada 100 bebés nacidos en Estados Unidos en esos años fueron hijos de madres inmigrantes indocumentadas. 

Los datos también muestran que entre 2016 y 2019 las cifras de aquellos bebés de madres inmigrantes indocumentadas venían bajando, pasando de 245,000 a 215,000 casos y cayendo de 6.2 % a 5.7 %. Y es que aunque con la llegada de la pandemia el comportamiento cambió y en 2020, aún con fronteras cerradas, las cifras volvieron a subir llegando a 230,000 (6.4 %). Sin embargo, en 2021 volvieron a caer. Ya, desde el 2022, se registró un aumento y a cifra llegó a los 255,000 y se hizo más fuerte en 2023 con 300,000, lo que representó un crecimiento del 17.6 % en comparación con el año anterior y el 8 % del total de bebés nacidos en EE. UU. 

La diferencia frente al llamado turismo de nacimiento también es significativa. Mientras estos casos suelen rondar entre 9,000 y 10,000 al año, los nacimientos de madres indocumentadas se estiman entre 200,000 y 300,000 anuales. 

La tabla también deja ver otra cosa importante: aunque en Estados Unidos han venido naciendo menos bebés en general, la participación de familias inmigrantes dentro de esos nacimientos ha aumentado. 

Por eso, el debate sobre ciudadanía por nacimiento no terminaría afectando solo casos aislados, también impactaría a cientos de miles de niños que nacen cada año dentro de familias inmigrantes que ya viven en Estados Unidos. 

La verdadera discusión ya no es el turismo de nacimiento

Después de revisar los datos, queda claro que el turismo de nacimiento en Estados Unidos existe, pero está lejos de tener el tamaño que muchas veces se refleja en el debate político. 

Las cifras muestran que entre 2016 y 2024 hubo cerca de 80,500 casos relacionados con mujeres extranjeras que viajaron al país para dar a luz y aunque puede interpretarse como un dato alto, al compararlo con los más de 33 millones de nacimientos registrados en ese mismo periodo, el panorama cambia pues el turismo de parto representó menos del 0,3 % del total; en otras palabras, de cada 1,000 bebés nacidos en Estados Unidos, solo alrededor de 2 estuvieron asociados a este fenómeno. 

Al mismo tiempo, la investigación deja ver otra realidad mucho más grande y es que entre 2016 y 2023 nacieron cerca de 1,9 millones de bebés de madres inmigrantes indocumentadas y solo en 2023 fueron alrededor de 300,000 nacimientos. 

Por un lado, el turismo de nacimiento suele estar ligado a familias con dinero, viajes planeados y redes privadas que operan principalmente desde países como China o Rusia, en cambio, los nacimientos de madres indocumentadas reflejan la realidad de familias migrantes que ya viven en Estados Unidos y hacen parte de la vida diaria del país. 

Y aunque muchas veces la conversación se centra en la frontera con México o en Latinoamérica, las cifras muestran que este fenómeno tiene más relación con redes internacionales organizadas y con personas que pueden pagar viajes, clínicas y largas estadías. 

Pero tal vez lo más importante de toda esta discusión es que ya no se trata solo de inmigración y lo que está en juego es una pregunta que tiene mucha profundad y es ¿quién tiene derecho a ser ciudadano en Estados Unidos? Porque detrás de cada cifra hay niños que nacen en EE. UU. y un debate que podría cambiar una regla que durante más de 100 años parecía intocable.