Con el paso de los años, el sistema de cortes migratorias de Estados Unidos ha ido acumulando un problema que no deja de crecer y que pone a prueba su capacidad para responder a millones de personas, convirtiéndose en una bomba de tiempo. Cada nuevo expediente que entra y no logra cerrarse se suma a una lista que, con el tiempo, se hace cada vez más grande y difícil de resolver.

Los datos permiten ver algo que una cifra aislada no alcanza a mostrar, pues el problema no es solamente cuántos casos se acumulan, sino cuánto tiempo permanecen las personas dentro del sistema esperando una respuesta.

En más de dos décadas, los expedientes pendientes pasaron de cientos de miles a superar los tres millones. Al mismo tiempo, la mediana del tiempo para llegar a una decisión de un juez pasó de 116 días durante el gobierno Bush a alrededor de 600 días en la administración actual, lo que revela que la espera continúa muy por encima de la registrada desde 2001.

El tema está en que detrás de esos millones de expedientes hay procesos muy distintos; algunos están relacionados con entradas sin inspección, y otros con violaciones de estatus, solicitudes de protección, cargos criminales o apelaciones. La acumulación no ocurre solamente porque lleguen más casos, también depende de cuántos logra cerrar la justicia migratoria y de cuánto tarda en hacerlo, y mientras la fila crece, los tiempos se alargan y las personas permanecen más tiempo dentro de ella.

Por eso, esta radiografía de los últimos 25 años basada en los datos de la Oficina Ejecutiva de Revisión de Inmigración (EOIR), por sus siglas en inglés, no cuenta únicamente la historia de una cifra que creció, sino también la manera en que se fue formando un rezago de millones de expedientes y cómo esa situación terminó convirtiendo la espera en una de las principales características del sistema migratorio estadounidense.

Un sistema que, con el paso de los años, ya acumula millones de casos

[POR FAVOR DIAGRAMAR LA PESTAÑA CASOS]

Las cortes de inmigración de Estados Unidos acumulan millones de expedientes a la espera de una decisión y así lo revelan los datos de EOIR. Los procesos pendientes pasaron de 294,304 durante la administración de George Bush en 2001 a 3,084,071 en el segundo gobierno de Donald Trump, lo que corresponde a un aumento de más de 2,7 millones de casos, es decir, un aumento del 948%.

Pero si nos detenemos a ver el paso de los años, se evidencia que este aumento no ocurrió de manera constante. En un primer momento, el número de casos pendientes creció a más de 816 mil entre Bush y Obama, después a cerca de 1,5 millones entre Obama y Trump 1.0, pero el mayor salto aparece en el gobierno Biden, cuando el número de expedientes pendientes aumentó hasta llegar a 3,862,145, el máximo registrado en los últimos 25 años.

¿Cuántos casos llegaron a las cortes y cuántos lograron cerrarse?

Para entender por qué se acumularon tantos casos, hay que revisar cuántos expedientes nuevos llegaron a las cortes y cuántos de estos se lograron cerrar. Durante el gobierno de Bush ingresaron cerca de 1,7 millones de casos y se completaron alrededor de 1,6 millones, luego con Obama llegaron casi 1,9 millones, pero se completaron cerca de 1,4 millones, es decir, quedaron más casos pendientes de los que había desde 2004.

Luego, durante el primer gobierno de Trump llegaron menos expedientes nuevos que durante el de Obama, cerca de 1,4 millones, pero también bajó la cantidad de los completados, que pasó de 1,3 millones a 792 mil.

Sin duda alguna el mayor cambio ocurrió durante el gobierno de Biden; en esos cuatro años llegaron más de 4,5 millones de casos nuevos, una cifra muy superior a la que se registró en administraciones anteriores y, a su vez, las cortes también sumaron más casos pendientes, llegando a alrededor de 2,1 millones.

La diferencia se nota al comparar el promedio de casos que llegaron cada año: mientras los gobiernos Bush y Obama no superaban los 300 mil y durante el primer gobierno de Trump ingresaron casi 400 mil, con Biden el promedio superó el millón 126 mil, lo que se traduce en que durante su presidencia se triplicaron los casos que llegaron.

Por el contrario, en el segundo gobierno de Trump y hasta 2026, la situación ha sido diferente porque mientras se recibieron cerca de 806 mil casos nuevos también se completaron alrededor de 1,5 millones, lo que indica que las cortes terminaron más expedientes de los que recibieron y que causó que el número de pendientes bajara a cerca de 3 millones. Sin embargo, la cifra sigue siendo muy alta y refleja que todavía hay millones de personas esperando una decisión sobre sus procesos.

Otro dato que nos permite dimensionar lo que ocurrió es que durante la era Biden, el número de casos pendientes llegó a 3,862,145 mientras que durante Trump el máximo fue de 3,841,426, una cifra muy similar, aunque Trump lleva apenas dos años y aún le restan los mismos en el gobierno.

Este panorama nos lleva entonces a la pregunta que buscamos responder con esta investigación: ¿cuánto tiempo tuvo que esperar una persona para llegar a alguna de estas decisiones? Y es que detrás de cada caso decidido hay un proceso que puede durar meses o incluso años.

¿A cuánto puede llegar la espera para una decisión?

[POR FAVOR DIAGRAMAR LA PESTAÑA TIEMPO]

Hay que tener en cuenta que no siempre los casos que avanzan en las cortes migratorias reciben una respuesta rápida; los datos muestran que, con el paso de los años, la espera para conocer la decisión de un juez se ha hecho cada vez más larga.

Y es que entre el momento en que comienza formalmente el proceso ante la corte y la última decisión de un juez, la espera fue aumentando. Durante el gobierno de George Bush, entre 2001 y 2004, la mediana (el valor central: la mitad de los casos se resolvió en menos tiempo y la otra mitad en más) fue de 116 días. Con Barack Obama subió a 244 días, un aumento del 110%; durante el primer gobierno de Donald Trump llegó a 392 días, es decir, 61% más que en el periodo anterior, pero el mayor tiempo de espera se registró durante el gobierno de Joe Biden, cuando alcanzó los 751 días, un incremento del 92%. Entre tanto, para el segundo gobierno de Donald Trump, hasta 2026, la mediana bajó a 671 días, representando una reducción del 11%.

Es decir que mientras en el gobierno Bush la mitad de los casos se resolvía en menos de ocho meses, durante los gobiernos de Trump y Biden la espera llegó hasta uno y dos años respectivamente. Entre Bush y Biden, la espera aumentó en 635 días, es decir, casi dos años más.

Pero si miramos la historia de cuántos casos logran resolverse en uno o dos años, los datos revelan cómo con cada cambio de gobierno los tiempos han ido aumentando y sumando meses para obtener una respuesta. Miremos las cifras: durante Bush, el 74% de los casos se resolvía en menos de un año; con Obama la cifra bajó a 57%; con el primer gobierno de Trump llegó a 48%; y con Biden alcanzó solo el 31%. En lo corrido del segundo gobierno de Trump, apenas el 25% de los casos logra resolverse en menos de un año.

Donde sí se observa claramente el cambio es en aquellos que tardan más de tres años en obtener una respuesta; mientras con Bush representaban el 6,7%, con Obama subieron al 16,5% y con Trump 1.0 ascendieron al 25%. Pero el periodo más alto lo alcanzaron con Biden cuando marcaron un poco más del 40%; en el segundo periodo de Trump, esa proporción bajó al 23%.

Esto muestra que el problema no es solamente que las cortes tengan millones de casos pendientes, sino que también afecta el tiempo que las personas permanecen dentro del sistema: solo durante la era Biden, cuatro de cada diez casos tardaban más de tres años y entre 2025-2026 ese dato llega a cerca de dos de cada diez.

El tipo de caso puede cambiar la espera

La duración también cambia dependiendo del motivo por el que una persona llegó a la corte. Por ejemplo, los casos relacionados con entrada sin inspección pasaron de una mediana de 80 días durante Bush a 173 con Obama, 367 con el primer mandato de Trump y 673 con Biden; con Trump 2.0 ya alcanzan hasta 714 días.

Pero los casos relacionados con la llegada sin documentos válidos tuvieron un comportamiento diferente; la espera era de 414 días durante Bush, bajó a 373 con Obama y después aumentó a 494 con el primer gobierno de Trump para luego dispararse hasta 787 durante Biden y, aunque en los últimos dos años ha disminuido, ubicándose en 633 días, sigue registrando tiempos altos.

Sin duda alguna, uno de los cambios más fuertes aparece en los casos relacionados con una violación de estatus; la mediana pasó de 400 días durante Bush a 747 con Obama, después bajó a 648 con Trump 1.0 pero se disparó a 1,483 días durante Biden y para Trump 2.0 cayó de manera drástica hasta 136 días. Entre estos dos periodos la espera en este tipo de casos cayó en 1,347 días, lo que representa más de tres años y medio.

Los casos relacionados con fraude también están entre los que más tardan: la espera pasó de 311 días durante Bush a 680 con Obama, 1,102 con Trump 1.0 y llegó a 2,020 días con Biden, para posteriormente caer a 230 con Trump 2.0.

Aquellos en los que se había solicitado protección también muestran una espera prolongada. Pasaron de 515 días con Bush a 831 con Obama, 923 con Trump 1.0 y 1,529 con Biden, y con Trump 2.0 bajaron a 893 días.

Lo que nos va revelando el mapa de las estadísticas es que uno de los gobiernos donde el sistema migratorio más se tardó en dar respuesta a los inmigrantes ha sido el de Joe Biden y, aunque se caracterizó por promover políticas de protección a esta población, lo cierto es que en la práctica esto no se tradujo de esa manera y paradójicamente durante su mandato los extranjeros que buscaban algún tipo de estatus o protección dentro de EE. UU. se vieron enfrentados a mayores retrasos.

Apelar una decisión también puede sumar meses a un proceso

[POR FAVOR DIAGRAMAR LA PESTAÑA APELACIONES]

La espera tampoco termina, necesariamente, cuando el Juez de Inmigración (IJ) toma una decisión. Por ejemplo, si el caso llega a una apelación ante la Junta de Apelaciones de Inmigración (BIA), por sus siglas en inglés, el proceso puede prolongarse aún más.

Los datos muestran que la mediana del tiempo entre el inicio formal del proceso y la última decisión de un juez pasó de 116 días durante el gobierno Bush a 751 días con Joe Biden. Durante el segundo gobierno de Donald Trump, bajó a 671 días. Sin embargo, cuando se incluye también la última decisión de la BIA, los tiempos aumentan; la mediana pasó de 119 días con Bush a 797 días con Biden y se ubica en 683 días durante el actual gobierno de Trump. Esto significa que, en los casos que llegan a la instancia de apelación, la espera puede extenderse más allá de la decisión inicial del juez.

Los tiempos para una decisión bajo fianza, aunque varían de un periodo a otro, no tienen diferencias muy marcadas como sí pasa entre la notificación para comparecer y la decisión de un juez, como ya lo revisamos antes. Mientras para una primera, segunda o última decisión de fianza en promedio durante el gobierno Bush tomaba 35 días, durante el gobierno Biden subió a 40 días y para Trump 2.0 se ubica en 56 días.

Sin embargo, es importante la diferencia que nos muestran los datos, ya que presentar la solicitud de fianza no significa que la decisión llegue inmediatamente y, desde ese momento hasta la primera decisión, la mediana se ha mantenido relativamente corta, entre 5 y 10 días; durante Biden fue de 8 días y actualmente es de 7.

Pero ¿cuánto tiempo puede tardar un requerimiento en llegar a una decisión de la Junta de Apelaciones? Pues bien, durante Bush la mediana fue de 388 días, con Obama bajó a 185 días y con el primer gobierno de Trump fue de 219 días; sin embargo, durante Biden volvió a aumentar de manera muy notable hasta 637 días, antes de bajar a 251 días en el segundo gobierno de Trump.

En palabras más sencillas, las cifras muestran dos velocidades muy diferentes dentro del sistema: una cosa es cuánto tarda una decisión relacionada con la libertad de una persona detenida para que pueda llevar su defensa fuera del centro de detención y otra muy distinta cuánto tarda en resolverse su proceso migratorio completo. La primera puede medirse en días; la segunda, en muchos casos, en meses o incluso años, y cuando existe una apelación, el reloj vuelve a correr: un caso que ya pasó por un juez puede necesitar todavía varios meses más para obtener una decisión definitiva de la BIA.

El rostro de los casos dentro del sistema migratorio también cambió

[POR FAVOR DIAGRAMAR LA PESTAÑA CARGOS]

A todo este panorama que he venido descubriendo en esta investigación se suma que, década tras década, no solo aumentó el número de casos en las cortes de inmigración, sino que también se modificó el perfil de las personas que han llegado y siguen llegando ante un juez. Por eso, es clave entender qué tipos de casos llegan al sistema para poder comprender cuáles son los procesos que tardan más tiempo, impactando, sin duda, la vida de millones de seres humanos.

La entrada sin inspección es el principal motivo registrado en todos los periodos; durante el gobierno Bush hubo más de 1 millón de casos asociados a esta condición, con Barack Obama también fueron más de 1 millón, pero durante la era Biden la cifra se disparó hasta 3,175,472 casos y, aunque durante Trump 2.0 bajó a cerca de 500 mil, los datos aún son parciales.

El segundo grupo más numeroso corresponde a las personas que llegaron sin documentos válidos: pasó de 86 mil casos durante Bush a cerca de 330 mil con Obama, pero aumentó hasta 1,2 millones con Biden.

Sin embargo, no todas las categorías siguieron esa misma tendencia. Los casos por violación de estatus disminuyeron pasando de 256 mil durante Bush a 61 mil con Biden, pero con Trump volvieron a aumentar y llegaron a 187 mil, es decir, una parte de los cargos que había perdido peso volvieron a crecer entre 2025 y 2026.

Por su parte, los cargos criminales muestran una caída mucho más pronunciada y nos hablan de una nueva dinámica dentro de la política migratoria de EE. UU., pues pasaron de 264 mil casos durante Bush a 236 mil con Obama, 47 mil con Trump, 28 mil con Biden y 15 mil con la segunda era de Trump.

Los casos por fraude o falsa representación siguieron una tendencia parecida: bajaron de 38 mil durante Bush a 22 mil con Obama, 7 mil con Trump y con Biden prácticamente se desplomaron con casi 2 mil, pero con Trump 2.0 ya subieron ligeramente hasta 4 mil.

Y si miramos las nacionalidades, podemos ver que la geografía también se fue ajustando durante los últimos 25 años. Con Bush, México fue la principal nacionalidad sumando 38% de los casos, con Obama México se mantuvo, pero con Trump 1.0 pasó a ser Guatemala, seguida de Honduras. Con Biden el mapa cambió y Venezuela ocupó el primer lugar, mientras México quedó en segundo con el 12%, y con Trump 2.0 México volvió a encabezar la lista llegando al 20%, seguido de Venezuela con el 11%.

25 años después, la espera sigue creciendo

En las últimas dos décadas y media, las cortes de inmigración de Estados Unidos fueron acumulando un problema que hoy se cuenta en millones de expedientes y en años de espera. Lo que comenzó con 294,304 casos pendientes durante el gobierno Bush llegó a superar los 3 millones durante el segundo gobierno de Donald Trump, después de alcanzar un máximo de 3,862,145 en la administración de Joe Biden.

Pero el tamaño de la acumulación es solo una parte de la historia; la otra está en el tiempo en el que una persona debe permanecer dentro del sistema, y es que la mediana para llegar a una decisión de un juez pasó de 116 días con Bush a 244 con Obama, 392 con el primer gobierno de Trump y 751 con Biden. En los primeros años de Trump 2.0 bajó a 671 días, pero sigue siendo casi seis veces más que en 2001.

También cambió la proporción de casos que logran resolverse rápidamente. Durante Bush, cerca de siete de cada diez casos terminaban en menos de un año; con Biden fueron apenas tres de cada diez y en el periodo 2025-2026, segundo gobierno Trump, la cifra se redujo hasta dos de cada diez. Al mismo tiempo, los casos que tardaban más de tres años pasaron de 6,7% a 40% con Biden, antes de bajar a 23,7% durante Trump 2.0.

Y la espera tampoco es igual para todos; los datos nos muestran que, dependiendo del tipo de caso, una persona puede enfrentar tiempos muy diferentes: los procesos por entrada sin inspección llegaron a una mediana de 714 días en el periodo más reciente, mientras que los casos relacionados con fraude alcanzaron 1,230 días y los que incluían una solicitud de protección, 893 días.

Esta investigación muestra además que el problema no se explica únicamente por la cantidad de personas que llegan a las cortes, también importa cuántos casos ingresan, cuántos logra resolver la justicia migratoria y cuánto tarda en hacerlo. Durante Biden entraron más de 4,5 millones de casos, mientras que en los primeros años de Trump 2.0 ingresaron alrededor de 806 mil y se completaron cerca de 1,58 millones, lo que permitió reducir el número de expedientes pendientes.

Después de 25 años, la fotografía es clara y muestra que las cortes migratorias enfrentan un rezago mucho mayor que el que tenían al inicio; aunque algunos indicadores recientes muestran una reducción, la espera continúa siendo una parte central de la experiencia de millones de inmigrantes y configurando muchas dinámicas de sus vidas fuera de sus países de origen.

No podemos olvidar que detrás de cada número hay una persona que espera una decisión sobre su futuro y mientras esa fila siga contando millones de expedientes, la pregunta ya no es solamente cuántos casos puede acumular el sistema, sino cuánto tiempo puede una persona esperar antes de recibir una respuesta.