Desde la administración Obama hasta la segunda presidencia de Donald Trump, la política migratoria de Estados Unidos ha experimentado cambios profundos en la forma de arrestar, detener y deportar a inmigrantes. Ahora, con los primeros datos disponibles del año fiscal 2026, comienza a aparecer un panorama que sugiere que la administración Trump se encamina a llevar las expulsiones a niveles que no se veían desde los años más intensos de la era Obama.

Basta revisar las cifras de mediados de 2026. Para entonces, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) ya había registrado más de 350.000 deportaciones, una cifra que supera el total de varios años fiscales anteriores y que pone a la agencia en camino de acercarse o incluso superar las más de 430.000 expulsiones registradas en 2013, el récord de la era Obama.

Pero el número de deportaciones es solo una parte de la historia. Para entender cuánto ha cambiado realmente la política migratoria estadounidense es necesario mirar qué ocurre antes de cada expulsión: cuántas personas son arrestadas, quiénes son detenidas y dónde se concentran las operaciones.

Por eso, esta investigación compara los datos de las administraciones Obama, Trump, Biden y Trump 2.0 para identificar no solo qué gobierno deportó a más personas, sino también cómo cambió la maquinaria utilizada para hacerlo y cuál ha sido el perfil y la ubicación de los inmigrantes afectados.

La evolución de las deportaciones: de Obama a Trump 2.0

La evolución de las deportaciones de ICE permite identificar varios momentos claramente diferenciados. El primero corresponde al periodo entre 2014 y 2019, durante los últimos años del gobierno Obama y el inicio de la primera administración Trump, cuando las deportaciones se mantuvieron en niveles elevados, con un promedio cercano a las 256.000 al año.

Posteriormente, entre 2020 y 2021, las cifras cayeron de forma notable y alcanzaron su nivel más bajo de todo el periodo analizado. A partir de 2022 comenzó una recuperación que se aceleró especialmente en 2023 y 2024. Finalmente, en 2025 y 2026, las deportaciones volvieron a crecer hasta alcanzar niveles superiores a varios de los registrados durante la década anterior.

Deportaciones: de la caída histórica al crecimiento acelerado

Entre 2014 y 2019, las deportaciones se movieron dentro de un rango relativamente estable, aunque el periodo estuvo marcado por años de caída y recuperación. En 2014, ICE registró 315.943 deportaciones. Un año después, la cifra cayó 25 %, hasta 235.413. En 2016 volvió a subir ligeramente, superando las 240.000 expulsiones, mientras que en 2017 descendió nuevamente 6 %.

Después llegó una recuperación. En 2018, las deportaciones crecieron 13 %, hasta alcanzar 256.085, y en 2019 aumentaron otro 4 %, con 267.250 expulsiones.

Sin embargo, esta tendencia cambió completamente en 2020. Las deportaciones cayeron 30 % y, en 2021, se produjo el desplome más fuerte de todo el periodo, con una reducción de 68 % en un solo año. La pandemia de COVID-19 y las restricciones que afectaron la movilidad internacional ayudan a explicar parte de esta caída: ICE pasó de 185.884 deportaciones en 2020 a apenas 59.011 en 2021.

En 2022, el panorama comenzó a cambiar. Las deportaciones crecieron 22 %, hasta 72.177 casos. Pero el salto más significativo llegó en 2023, cuando aumentaron 98 % en un solo año y pasaron de 72.177 a 142.580.

En 2024 ocurrió algo similar. Las deportaciones aumentaron 90 %, hasta alcanzar 271.484. De esta manera, durante los últimos años del gobierno Biden, las expulsiones prácticamente se cuadruplicaron en apenas dos años.

Después de ese salto, el crecimiento continuó. En 2025, las deportaciones aumentaron 18 %, hasta llegar a 319.980. Para 2026, los datos acumulados disponibles ya alcanzaban 356.389 deportaciones, una cifra que incluso supera el total registrado durante todo 2014, pese a que el año fiscal todavía no había terminado.

Esto significa que, después de tocar fondo en 2021, las deportaciones no solo se recuperaron, sino que volvieron a alcanzar una escala comparable con algunos de los años más intensos de la década anterior.

Salidas voluntarias: el camino contrario a las expulsiones

Si las deportaciones cuentan una historia de crecimiento, las salidas voluntarias muestran una trayectoria mucho más irregular.

En 2014 se registraron 163.245 salidas voluntarias. A partir de ese momento comenzó una caída que se mantuvo durante los años siguientes. En 2015 se registraron 129.726, es decir, 33.519 menos que el año anterior, una reducción del 21 %. Para 2016 volvieron a caer hasta 106.772, una disminución del 18 %.

La tendencia continuó en 2017, cuando las salidas voluntarias bajaron a 98.106, es decir, 8.666 menos que en 2016. En 2018, la caída fue menor y se registraron 96.045, apenas 2.061 menos que el año anterior.

En 2019 apareció un pequeño repunte. Las salidas voluntarias aumentaron 15 % y llegaron a 110.516, es decir, 14.471 más que en 2018.

Pero en 2020 la cifra volvió a desplomarse. Las salidas voluntarias cayeron 57 %, pasando de 110.516 a apenas 47.381. Esto representa una reducción de 63.135 casos en un solo año.

La caída se hizo todavía más pronunciada en 2021. Ese año se registraron apenas 11.225 salidas voluntarias, 36.156 menos que en 2020, lo que representó una reducción del 76 %.

Si se compara con 2014, cuando se registraron 163.245 salidas voluntarias, la disminución hasta 2021 fue de 152.020 casos, equivalente a aproximadamente 93 %. Ese fue el punto más bajo de todo el periodo analizado.

En 2022 comenzó una recuperación. Las salidas voluntarias aumentaron 121 %, pasando de 11.225 a 24.759. En 2023, el incremento fue aún mayor: crecieron 146 %, hasta alcanzar 60.823.

La recuperación continuó en 2024, cuando aumentaron 49 %, pasando de 60.823 a 90.823. Esto significó 30.000 salidas voluntarias adicionales en un solo año.

Sin embargo, en 2025 la tendencia volvió a cambiar. Las salidas voluntarias bajaron 10 %, de 90.823 a aproximadamente 82.000. Para 2026, la cifra acumulada disponible se redujo otro 41 %, hasta llegar a cerca de 48.000.

En conjunto, estos datos plantean una pregunta importante: ¿por qué están cayendo las salidas voluntarias? ¿Se debe a cambios en las políticas de ICE, a que menos personas están utilizando esta alternativa o a que el gobierno está recurriendo con mayor frecuencia a las deportaciones formales?

Los datos muestran una tendencia que merece atención: mientras las deportaciones han aumentado, las salidas voluntarias han disminuido.

Arrestos de ICE: el gran aumento ocurrió después de 2021

Los arrestos realizados por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas muestran una trayectoria diferente a la de las deportaciones.

Durante los primeros años analizados, ambas variables se movieron de manera relativamente similar. Sin embargo, a partir de 2022 comenzó a producirse una divergencia importante.

Mientras las deportaciones aumentaron 22 % ese año, los arrestos se dispararon 141 %, pasando de 59.011 a 142.059.

En 2023 continuaron creciendo y, para 2024, volvieron a acelerarse hasta alcanzar aproximadamente 311.500 arrestos. El mayor impulso llegó en 2025, cuando los arrestos aumentaron cerca de 44 % y llegaron a unos 450.000, la cifra más alta desde 2014.

Para 2026, la tendencia parece mostrar una ligera reducción en los datos disponibles. Sin embargo, las cifras deben interpretarse con cautela porque se trata de un periodo parcial y no es posible compararlo directamente con el cierre completo del año fiscal anterior.

Lo importante es que, mientras en 2025 se registraron alrededor de 450.000 arrestos y 319.980 deportaciones, en 2026 las deportaciones acumuladas ya habían alcanzado 356.389. Esto refleja que los arrestos y las deportaciones no necesariamente evolucionan al mismo ritmo.

Un arresto significa que ICE pone a una persona bajo custodia, mientras que una deportación ocurre cuando esa persona finalmente sale de Estados Unidos. Por eso, ambas cifras pueden moverse de manera diferente: una persona arrestada en un año puede ser deportada meses después.

¿Dónde se concentra la política migratoria de Trump 2.0?

Los datos muestran que el aumento de los arrestos de ICE no se ha producido de manera uniforme en todo Estados Unidos. Por el contrario, la actividad se ha concentrado en determinados territorios y grandes centros urbanos.

Las cifras disponibles desde 2023, que permiten observar el comportamiento durante los últimos años del gobierno Biden y el inicio de Trump 2.0, muestran una aceleración importante. Los arrestos pasaron de 166.550 en 2023 a 319.300 en 2024 y alcanzaron 481.800 en 2025.

Esto significa que, en apenas dos años, el volumen de arrestos prácticamente se triplicó, reflejando un cambio significativo en la intensidad de las operaciones migratorias.

Para 2026, las cifras disponibles suman aproximadamente 132.100 arrestos en las oficinas analizadas. Sin embargo, al tratarse de un periodo parcial, estos datos no pueden compararse directamente con el total anual de 2025.

Texas, uno de los principales epicentros

Texas aparece como uno de los principales centros de esta expansión. Las oficinas de Dallas, Houston, San Antonio y El Paso concentraron 54.750 arrestos en 2023, 104.700 en 2024 y 158.300 en 2025.

En 2026, aunque se trata de datos parciales, estas cuatro oficinas ya acumulaban alrededor de 43.400 arrestos. Esto confirma el peso que mantiene Texas dentro de esta nueva geografía de las operaciones migratorias.

El fenómeno tampoco se limita a las zonas cercanas a la frontera. Dallas y Houston, dos de las principales áreas metropolitanas del interior de Texas, también registran cifras elevadas.

Dallas encabeza la lista dentro del estado. Sus arrestos pasaron de 18.250 en 2023 a 34.500 en 2024 y 52.000 en 2025. Para 2026, los datos parciales disponibles registraban aproximadamente 14.200 arrestos.

Houston siguió una trayectoria similar, al pasar de 16.100 arrestos en 2023 a 30.800 en 2024 y 46.500 en 2025, antes de registrar unos 12.800 en 2026.

San Antonio pasó de 14.200 arrestos en 2023 a 27.500 en 2024 y 42.000 en 2025, mientras que en 2026 acumulaba cerca de 11.500.

El Paso, por su parte, aumentó de 6.200 arrestos en 2023 a 11.900 en 2024 y 17.800 en 2025. Para 2026, registraba aproximadamente 4.900.

La comparación permite observar que el crecimiento no se concentró en una sola oficina. Dallas, Houston, San Antonio y El Paso registraron aumentos importantes entre 2023 y 2025.

En conjunto, las cuatro principales oficinas de Texas pasaron de 54.750 arrestos en 2023 a 158.300 en 2025, lo que representa un incremento cercano a tres veces en apenas dos años.

Esto muestra que Texas no solo mantiene un papel central por su condición de estado fronterizo, sino también por la intensidad de las operaciones registradas en grandes ciudades ubicadas en su interior.

La expansión hacia otras grandes ciudades

Pero la actividad tampoco se limita a Texas ni a los estados fronterizos.

Los Ángeles y San Francisco, en California, acumularon juntas 18.300 arrestos en 2023, 35.000 en 2024 y 52.100 en 2025. Para 2026, los datos parciales disponibles sumaban alrededor de 14.300.

Miami alcanzó aproximadamente 36.800 arrestos en 2025 y superaba los 10.000 en los datos disponibles para 2026.

Chicago llegó a unos 27.800 arrestos en 2025 y acumulaba alrededor de 7.600 en 2026.

En Nueva York, al sumar las oficinas de la ciudad y Buffalo, se registraron más de 31.000 arrestos en 2025. Para 2026, las cifras disponibles ya superaban los 8.700.

Estos datos muestran que la actividad de ICE alcanza grandes áreas metropolitanas del interior del país, donde existen comunidades inmigrantes consolidadas, y no solamente territorios próximos a la frontera.

El comportamiento de las cifras entre 2023 y 2025 revela una aceleración sostenida en varias de las principales oficinas de ICE.

Dallas pasó de 18.250 arrestos en 2023 a 34.500 en 2024 y 52.000 en 2025. Houston aumentó de 16.100 a 30.800 y posteriormente a 46.500. Atlanta pasó de 8.200 a 15.800 y luego a 24.200. Phoenix aumentó de 7.800 a 15.000 y después a 22.500.

Los datos disponibles para 2026 deben interpretarse con cautela debido a que el año fiscal todavía no está cerrado. Por eso, no es posible concluir únicamente a partir de estas cifras parciales que la actividad de ICE disminuirá frente a 2025.

Aun así, la tendencia entre 2023 y 2025 es clara: los arrestos de ICE prácticamente se triplicaron en dos años y el aumento no ocurrió únicamente en estados fronterizos como Texas. También alcanzó grandes ciudades del interior del país.

Para los inmigrantes, especialmente para quienes viven lejos de la frontera, esto significa que el riesgo de una interacción con las autoridades migratorias ya no puede analizarse únicamente desde la lógica de los estados fronterizos. Ciudades como Chicago, Nueva York, Atlanta, Denver, Seattle, Boston, Baltimore y Filadelfia también aparecen entre los lugares con una alta actividad de ICE.

La maquinaria de deportación cambió: ICE ahora busca más dentro del país

El cambio en la política migratoria durante el segundo gobierno de Donald Trump no puede medirse únicamente por el número de personas deportadas. También cambió la forma en que ICE busca, arresta y mantiene detenidos a los inmigrantes antes de expulsarlos de Estados Unidos.

De acuerdo con el Deportation Data Project, los arrestos de ICE que terminaron en detención aumentaron 4,4 veces frente al periodo comparable de la administración Biden.

Uno de los cambios más importantes ocurrió en las calles. Durante años, una parte importante de los arrestos de ICE comenzaba cuando una persona ya se encontraba en una cárcel local o estatal y posteriormente era entregada a las autoridades migratorias.

Con Trump 2.0, ICE comenzó a buscar directamente a más personas dentro de las comunidades. Según el Deportation Data Project, los arrestos realizados directamente en la calle aumentaron aproximadamente 11 veces.

Otro cambio importante es que ICE ya no depende únicamente de sus propios agentes. La administración también ha aumentado la colaboración con policías estatales y locales mediante los acuerdos conocidos como 287(g), que permiten que determinadas autoridades locales colaboren con ICE en tareas relacionadas con la aplicación de las leyes migratorias.

Esto vuelve a cambiar el panorama para los inmigrantes. Ya no se trata solamente de encontrarse con un agente de ICE. En algunos lugares, una interacción con la policía local puede terminar en contacto con las autoridades migratorias cuando existe un acuerdo de colaboración.

También está cambiando la capacidad de detención. El Deportation Data Project calcula que la capacidad utilizada para mantener detenidos a inmigrantes aumentó aproximadamente 4,5 veces durante el segundo gobierno de Trump.

Al mismo tiempo, para determinados grupos de personas sin condenas penales, la posibilidad de ser liberadas durante los primeros 60 días cayó de 35 % a 7 %.

La dinámica de los operativos también parece estar evolucionando. Durante los primeros meses de Trump 2.0 fueron frecuentes las grandes redadas en ciudades y lugares altamente visibles. Sin embargo, durante 2026 también han aumentado formas menos visibles de arresto, como los casos que comienzan con controles de tráfico o con la colaboración de policías locales.

Por eso, quizá el cambio más importante de Trump 2.0 no sea únicamente que haya más deportaciones, sino que existen más mecanismos para llegar hasta ellas.

ICE busca directamente a más personas dentro de las comunidades, trabaja con un mayor número de policías locales, cuenta con más capacidad para detener inmigrantes y, para determinados grupos, existen menos posibilidades de ser liberados después de un arresto.

Para entender esta nueva etapa de la política migratoria estadounidense, entonces, no basta con preguntar cuántas personas fueron deportadas. También es necesario analizar cómo fueron encontradas, quién las arrestó y dónde fueron detenidas.

Ahí también se cuenta la historia de cuánto ha cambiado realmente la maquinaria de deportación de Estados Unidos.

En resumen: una maquinaria de deportación cada vez más amplia

La comparación entre Obama, Trump, Biden y Trump 2.0 muestra que la política de deportaciones de Estados Unidos ha atravesado momentos muy diferentes.

Entre 2014 y 2019, las deportaciones se mantuvieron en niveles elevados, con cifras que llegaron a 315.943 en 2014 y 267.250 en 2019.

Después llegó el desplome de 2020 y 2021, cuando las deportaciones cayeron hasta 59.011, el nivel más bajo de todo el periodo analizado.

A partir de 2022 comenzó una nueva aceleración. Las deportaciones pasaron de 72.177 en 2022 a 142.580 en 2023 y 271.484 en 2024. El crecimiento continuó con 319.980 en 2025 y 356.389 acumuladas en 2026, una cifra que ya supera varios años completos del periodo anterior y que vuelve a acercar al país a los niveles más altos registrados durante la era Obama.

Mientras las deportaciones crecieron, las salidas voluntarias siguieron una trayectoria diferente. Pasaron de 163.245 en 2014 a apenas 11.225 en 2021, una reducción de aproximadamente 93 %.

Aunque posteriormente comenzaron a recuperarse y llegaron a 90.823 en 2024, volvieron a caer hasta unos 82.000 en 2025 y cerca de 48.000 en los datos disponibles para 2026.

En los últimos años, por tanto, aparece un escenario en el que aumentan las deportaciones formales mientras disminuyen las salidas voluntarias.

Los arrestos también muestran un cambio importante. Después del punto más bajo de 2021, comenzaron a crecer con rapidez: llegaron a 142.059 en 2022, superaron los 300.000 en 2024 y alcanzaron alrededor de 450.000 en 2025.

Para 2026, los datos disponibles son parciales y no permiten establecer todavía cómo cerrará el año fiscal. Sin embargo, las cifras muestran que la actividad de ICE continúa concentrándose en un número importante de grandes áreas metropolitanas.

Además, el cambio no ocurrió de la misma manera en todo el país. Texas se convirtió en uno de los principales centros de esta expansión, pero el crecimiento también llegó a grandes ciudades alejadas de la frontera.

Las oficinas de Dallas, Houston, San Antonio y El Paso pasaron juntas de 54.750 arrestos en 2023 a 158.300 en 2025. Dallas, por ejemplo, pasó de 18.250 a 52.000, mientras Houston aumentó de 16.100 a 46.500 durante el mismo periodo.

El cambio también está en la forma de realizar los arrestos. El Deportation Data Project encontró que los arrestos de ICE que terminaron en detención aumentaron 4,4 veces frente al periodo comparable de la administración Biden, mientras que los arrestos realizados directamente en las calles aumentaron aproximadamente 11 veces.

Esto significa que ICE está buscando a más personas directamente dentro de las comunidades y no solamente a inmigrantes que ya se encuentran en cárceles o que han tenido contacto previo con el sistema penal.

A esto se suma la participación cada vez mayor de policías estatales y locales mediante los acuerdos 287(g).

Todo este panorama permite llegar a una conclusión: Trump 2.0 no solo está aumentando las deportaciones, sino que también está ampliando la maquinaria que permite llegar hasta ellas.

Hay más operaciones dentro del país, una mayor participación de policías locales, más capacidad de detención y nuevos mecanismos para localizar a inmigrantes dentro de las comunidades.

Aunque todavía no es posible cerrar el balance de 2026, los datos disponibles muestran que Estados Unidos vuelve a acercarse a niveles de deportación que recuerdan a los años más intensos de la era Obama, pero con una diferencia importante: la maquinaria para encontrar, arrestar y detener inmigrantes parece ser ahora más amplia y estar más extendida dentro del territorio estadounidense.