El endurecimiento de la política migratoria en Estados Unidos está empezando a mostrar efectos económicos en uno de los campos clave del país: la construcción. Mientras las deportaciones y restricciones migratorias se intensifican, la industria enfrenta una creciente escasez de mano de obra que amenaza con frenar proyectos, elevar costos y profundizar la ya grave crisis de vivienda. 

Estados Unidos enfrenta una escasez estimada de 3,7 millones de viviendas, mientras que el sector de la construcción reporta 248,000 vacantes sin cubrir y calcula que necesitará al menos 454,000 nuevos trabajadores adicionales para responder a la demanda. Sin suficiente mano de obra, los proyectos se retrasan, los costos laborales aumentan y los precios de viviendas y alquileres continúan escalando. 

Según el Urban Institute, Estados Unidos ya tiene un atraso en vivienda construida en comparación con su crecimiento poblacional. Cifras de esta organización a las que tuvimos acceso, muestran que entre 2010 y 2023, el número de hogares creció un 13 %, mientras que el número de viviendas aumentó solo un 10 % 

Estados como Arizona, Nevada, Maine y Florida son los que registran mayor rezago y enfrentarían grandes desafíos para construir suficientes casas si se intensifica la escasez de mano de obra. Florida y Nevada son particularmente vulnerables dice el informe, dada su alta proporción de trabajadores de la construcción nacidos en el extranjero. 

Datos del Hispanic Construction Council indican que los inmigrantes representan alrededor del 33.8 % de la fuerza laboral de la construcción en Estados Unidos, esto equivale a más de 4 millones de trabajadores en todo el país. Además, entre 700 mil y 900 mil trabajadores indocumentados realizan tareas esenciales como carpintería estructural, instalación de drywall y techado.  

Durante la última década, los trabajadores latinos se han convertido en uno de los motores del crecimiento del sector, ocupando puestos esenciales en oficios varios. Y las cifras muestran una tendencia de cambio estructural en el mercado laboral estadounidense, donde la industria depende cada vez más de la mano de obra inmigrante para sostener la demanda. 

Diversos expertos advierten que la posible pérdida de esa fuerza laboral podría reducir en gran manera la capacidad de construir nuevas viviendas en el país. Este estudio revela, precisamente, que las deportaciones o las políticas más restrictivas implementadas por esta administración, están teniendo efectos negativos en la disponibilidad de mano de obra en la construcción, un sector que históricamente ha dependido de inmigrantes para muchos oficios manuales y técnicos. 

¿Cuál es el peso de la fuerza laboral hispana en la construcción? 

El informe del Hispanic Construction Council de 2025 muestra cómo esta comunidad es parte significativa de la fuerza laboral, pero además sostiene el crecimiento del sector y contribuye a la economía nacional. Sin embargo, deja ver que, enfrentan desigualdades salariales, riesgos en el trabajo y barreras estructurales que limitan su ascenso y desarrollo profesional. 

Históricamente, el sector de la construcción ha tenido escasez de trabajadores y el informe advierte que la industria enfrenta una escasez crítica de mano de obra que podría superar el millón de trabajadores para 2030, una brecha que amenaza con retrasar proyectos de infraestructura y construcción de viviendas en Estados Unidos. 

Actualmente, según el estudio, existen más de 500 mil vacantes en el sector, una cifra que de por  ya es amplia y preocupante sin sumar el retiro progresivo de trabajadores veteranos y el menor interés de nuevas generaciones por ingresar a oficios manuales. Ante ese panorama, los hispanos no solo llenan el vacío laboral, sino que se han convertido en una pieza clave para mantener la capacidad productiva de la industria. 

Pero según este último estudio, las deportaciones masivas podrían sacar del mercado laboral hasta 900 mil trabajadores esenciales de la construcción teniendo como consecuencias retrasos en proyectos de vivienda, aumento en costos de construcción y reducción de la oferta de casas nuevas. 

Las empresas latinas también sostienen el mercado inmobiliario 

El golpe por las políticas migratorias más agresivas y restrictivas no solo lo estarían recibiendo quienes ofertan su mano de obra para sacar adelante estas construcciones. El informe del Hispanic Construction Council muestra que la comunidad latina no solo aporta trabajadores, sino también empresas: 

  • Más de 95 mil empresas de construcción son propiedad de hispanos 

  • Que generan 779 mil millones de dólares en ingresos anuales 

  • Tienen casi 4 millones de trabajadores empleados. 

La salida de trabajadores inmigrantes empeoraría la crisis inmobiliaria  

Otra investigación del Urban Institute coincide en que las deportaciones masivas no solo reducirían la disponibilidad de trabajadores, sino que también podrían empeorar la crisis inmobiliaria. El estudio muestra que los trabajadores inmigrantes complementan y no reemplazan a los trabajadores nacidos en Estados Unidos, por lo que su ausencia puede provocar pérdidas netas de empleo y menos construcción.  

Una aplicación más estricta de la ley migratoria dice el informe, reduce la construcción de viviendas. Durante el primer mandato de Trump, se implementó el programa Comunidades Seguras, que buscaba una aplicación más estricta de la ley migratoria, que provocó descensos pronunciados en la mano de obra y la construcción de viviendas, esta situación llevó en su momento a un aumento en los precios de los inmuebles y pareciera que hoy no es diferente.   

El Centro de Estudios Migratorios estimó para 2022* que el 54 % de los trabajadores de la construcción nacidos en el extranjero eran indocumentados. Las deportaciones podrían causar entonces que Estados Unidos perdiera entre 1,7 y 1,8 millones de trabajadores de la construcción indocumentados. En el caso de Texas, el Consejo Americano de Inmigraciónestima que esta cifra llega al 23 %, lo que pone a este sector en riesgo de perder hasta 337 mil trabajadores.   

El impacto para trabajadores de este sector según el estudio sería particularmente fuerte en estados donde la industria depende en gran medida de trabajadores extranjeros, como Texas y California, donde los inmigrantes representan entre el 37 % y el 39 % de la fuerza laboral de la construcción. 

  

Este mapa revela hasta qué punto la industria de la construcción en Estados Unidos depende de la mano de obra inmigrante, especialmente en los estados donde más se construyen viviendas. Mercados inmobiliarios clave muestran patrones similares: en New York el porcentaje ronda 34.4 %, y en Florida cerca del 34.2 % de la fuerza laboral del sector es extranjera. Esto quiere decir que en varios de los estados donde más se construyen viviendas, más de uno de cada tres trabajadores de obra nació fuera del país. 

Por su parte, el Oeste, el suroeste y gran parte del Sur de Estados Unidos concentran una mayor participación de trabajadores inmigrantes en la construcción. Estados como Nevada, Arizona y Georgia presentan porcentajes elevados, en muchos casos por encima del 20 %. Estas regiones coinciden con algunas de las zonas de mayor crecimiento poblacional en el país, donde la demanda de nuevas viviendas, carreteras y desarrollos urbanos sigue aumentando año tras año. 

Por otro lado, hay un contraste marcado con estados del centro y norte del país como Montana (2.5 %), West Virginia (2.1 %), Maine (2.4 %) o Dakotas (alrededor del 3 %), donde la presencia de trabajadores inmigrantes es mínima. Sin embargo, estos lugares tampoco enfrentan la misma presión de crecimiento poblacional ni demanda inmobiliaria. El dato clave aquí es que la dependencia de la mano de obra inmigrante no es uniforme, pero sí crítica en los estados donde más se necesita construir. 

Esto nos permite ver entonces, en gran parte de los Estados Unidos, una realidad estructural del sector: la construcción de viviendas en Estados Unidos está profundamente ligada a la mano de obra inmigrante. En varios de los mercados inmobiliarios más grandes del país, una parte importante de quienes levantan casas, edificios y complejos residenciales nació fuera del territorio. Por eso, cualquier reducción significativa en esta fuerza laboral se traduce automáticamente en obras más lentas y precios más altos para compradores e inquilinos. 

Los tiempos de construcción hoy son más largos que en décadas pasadas 

Estudios del sector en Estados Unidos muestran que la escasez de mano de obra, incluida por supuesto la asociada a la reducción de trabajadores inmigrantes, está provocando retrasos en la construcción de viviendas. 

Datos del U.S. Census Bureau muestran que el tiempo promedio para construir una vivienda unifamiliar ha aumentado de manera significativa. En la década del 2000 el promedio era de 6 meses desde el inicio hasta la finalización, para 2025 la media se ubica en un promedio de casi 8 meses. 

Esto significa que las viviendas tardan hoy cerca de 1,5 meses más en completarse que hace dos décadas. Según el análisis los retrasos se deben principalmente a escasez de trabajadores, mayores costos laborales y problemas en la cadena de suministro. 

Otro informe del Home Builders Institute y la National Association of Home Builders estima que la escasez de mano de obra impide construir alrededor de 19 mil viviendas al año, lo que genera pérdidas económicas de aproximadamente 10,800 millones de dólares anuales en el sector. 

¿Comprar vivienda en EE. UU. es hoy más difícil que años atrás? Lo que revelan las cifras 

La National Association of Home Builders estima que el 62 % de los proyectos de construcción reportan retrasos de entre 3 y 8 meses por escasez de trabajadores. Además, datos recientes del mercado inmobiliario dan cuenta de una desaceleración en la construcción, esto se traduce en 1,36 millones de viviendas iniciadas en 2025, un nivel que está por debajo del ritmo del año anterior. 

Por su parte las viviendas terminadas cayeron 7,9 % respecto a 2024. Esta desaceleración ocurre mientras el país enfrenta un déficit de alrededor de 4 millones de viviendas, situación que presiona más los precios del mercado inmobiliario. 

En términos económicos, el mercado está entrando en una “espiral de oferta limitada”, esto quiere decir menos viviendas construidas que reducen el inventario disponible y, por ende, un aumento en los precios. Este fenómeno también genera inflación inmobiliaria, que es básicamente el aumento sostenido del valor de las propiedades debido a los desequilibrios existentes entre oferta y demanda.  

En los últimos años, el precio promedio de una vivienda en Estados Unidos ha alcanzado máximos históricos. Una casa que hace pocos años podía costar unos 330 mil dólares, hoy se acerca a 450 mil dólares. Parte de ese aumento responde al alza de materiales y tasas de interés, pero también, como lo hemos explicado, en este documento a la escasez de trabajadores para construir las viviendas que el país necesita. 

El costo oculto de la escasez de trabajadores: viviendas más caras para ciudadanos e inmigrantes 

La falta de mano de obra también lleva consigo un incremento en los costos de producción de vivienda. Cuando los constructores no encuentran suficientes trabajadores, deben ofrecer salarios más altos para atraer personal o enfrentar retrasos en los proyectos. En la mayoría de los casos, los costos laborales adicionales se trasladan al precio final de las viviendas. Es decir, que lo que en principio era un problema del mercado laboral termina impactando directamente el bolsillo de los compradores y arrendatarios. 

Pero el efecto de esto no se limita a los inmigrantes. Tanto ciudadanos estadounidenses como residentes permanentes pueden estar sintiendo el impacto de esta dinámica. Por un lado, las familias que están buscando acceder a una primera vivienda pueden encontrar precios más altos por una menor disponibilidad de casas. Por otro, los inquilinos se ven expuestos a rentas más costosas por falta de nuevas unidades de alquiler.  

En Estados Unidos, el precio promedio de una vivienda nueva oscila, actualmente, entre los 440 mil y 450 mil dólares, según datos del mercado inmobiliario y del gobierno. Eso significa que una familia necesita en promedio ingresos cercanos a los 86 mil dólares al año para comprar una vivienda básica en el país, una cifra que sigue estando fuera del alcance de millones de hogares.  

Las cifras nos muestran indiscutiblemente un triángulo estratégico entre inmigración, mercado laboral y construcción de viviendas en Estados Unidos. Esta industria, no quedan dudas, depende en gran medida de trabajadores inmigrantes para sostener el ritmo de proyectos que exige el crecimiento del país. Cuando esa fuerza laboral se reduce, ya sea por deportaciones, políticas migratorias más restrictivas o menor llegada de nuevos trabajadores el impacto recae directamente en obras más lentas, menos viviendas construidas y precios más altos en el mercado inmobiliario. 

Estados Unidos ya enfrenta un déficit de millones de viviendas y mantener el ritmo de construcción no será nada fácil en épocas donde los ojos están puestos en la principal mano de obra del sector, los inmigrantes 

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